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Cinematografía
Técnica de proyectar fotogramas de forma sucesiva para
dar la impresión de movimiento de las imágenes. Como forma
de registrar acontecimientos o narrar historias, puede
constituir un arte, al que comúnmente se denomina el séptimo
arte, a pesar de ser cronológicamente posterior a la
fotografía y la historieta. Es también y simultanéamente una
importante industria en países como Estados Unidos o la
India. Suele usarse la abreviatura "cine".
Historia de la cinematografía como arte y espectáculo
El 28 de diciembre de 1895, los hermanos Lumière proyectaron
publicamente la salida de obreros de una fábrica francesa.
George Méliès amplió las posibilidades del medio al huir de
la estricta reproducción de la realidad con la narración de
aventuras fantásticas y reconstrucciones históricas que
hacían uso de abundantes trucajes.
El gran robo del tren (1903)
El nacimiento de una nación (1915), de David Wark Griffith
A partir de la obra pionera de Mack Sennet, basada en el
llamado "slaptick" se produjo una floración del cine cómico
mudo, del que son muestra La quimera del oro (1925) de
Charles Chaplin o El maquinista de la General (1927), de
Buster Keaton.
El expresionismo alemán, desarrollado tras la Gran Guerra,
optó por un tono siniestro acorde con la época y optenido
gracias tanto a la temática, como a la iluminación y a la
escenografía. Pueden citarse El gabinete del Doctor Caligari
(1919), de Robert Wiene, Nosferatu (1922) de F.W. Murnau o
Metrópolis (1927) de Fritz Lang.
Avaricia (1924), de Erich von Stroheim
El cine soviético exploró las posibilidades del montaje con
obras como El acorazado Potemkin (1925), de S. M.
Eisenstein, La madre (1926), de Pudovkin o La tierra (1930),
de Alexander Dovjenko.
El cine de gánsterns hollywoodiense, precursor del cine
negro, retomó la atmósfera del expresionismo alemán en obras
como La ley del hampa (1927), de Josef Von Sternberg.
La pasión de Juana de Arco (1928), de Carl Theodor Dreyer
En 1928 estalló en París la primera película surrealista
importante: Un perro andaluz (1928) , de Luis Buñuel y
Salvador Dalí.
En los años 30, se produjo en Hollywood una floración de
películas que retomaban los iconos clásicos del terror, como
Drácula (1931), de Tod Browning, El doctor Frankenstein
(1931) de James Whale o King Kong (1936). La época iniciada
a finales de esta década y que abarca hasta finales de los
60 es considerada la edad de oro del sistema de estudios,
con clásicos indiscutibles como
Blancanieves y los siete enanitos (1937) de Walt Disney,
primer largometraje de dibujos animados
La fiera de mi niña (1939), de Howard Hawks
Lo que el viento se llevó (1939)
La Diligencia (1939), de John Ford
El mago de Oz (1939)
Ciudadano Kane (1941), de Orson Welles
El halcón maltés (1941), de John Huston, primera película de
cine negro
Casablanca (1942)
Duelo al sol (1946) de King Vidor
Gilda (1946)
Los mejores años de nuestra vida (1946), de William Wyller
Cantando bajo la lluvia (1953)
La ley del silencio (1954) de Elia Kazan
Rebelde sin causa (1955), de Nicholas Ray
Vértigo (1958) de Alfred Hitchcock
Con faldas y a lo loco (1959) de Billy Wilder
El buscavidas (1962), de Robert Rossen
La pantera rosa (1964), de Blake Edwards
A quemarropa (1967), de John Boorman
Bonnie y Clyde (1967) de Arthur Penn
Grupo salvaje (1969), de Sam Peckinpah
Tras esta cala en la producción hollywoodiense, hemos de
volver a los años 30 para referirnos a la cinematografía de
otros países, como La gran ilusión (1937) de Jean Renoir.
El neorrealismo italiano surge tras la Segunda Guerra
Mundial con una orientación realista que le llevó a
prescindir hasta de los actores profesionales. Roma, ciudad
abierta (1945) de Roberto Rosellini o El ladrón de
bicicletas (1948), de Vittorio de Sica son clásicos
indiscutibles de este movimiento.
Orfeo (1950), de Jean Cocteau
Las vacaciones del Sr. Hulot (1951), de Jacques Tati
Los maestros japoneses:
Cuentos de Tokio (1953), de Yasujiro Ozu
Los siete samurais (1954) de Akira Kurosawa
El intendente Sansho (1954), de Kenji Mizoguchi
47 ronin (1941) de Kenji Mizoguchi
El séptimo sello (1956) de Ingmar Bergman
La Nouvelle vague francesa puso de moda el llamado cine de
autor con Los cuatrocientos golpes (1958), de François
Truffaut o Al final de la escapada (1959), de Jean-Luc
Godard e influyo en movimientos coétaneos como El free
cinema británico o El nuevo cine alemán.
Herederos del neorrealismo, aunque ya muy alejados de los
presupuestos originales del movimiento, fueron Federico
Fellini, Michelangelo Antonioni o Pier Paolo Pasolini. Los
maestros italianos anteriores siguieron produciendo obras
importantes, como Muerte en Venecia (1971) de Luchino
Visconti. Entre los representantes de un cine italiano más
popular, podemos citar a Sergio Leone, creador del llamado
"spaghetti-western" con Por un puñado de dólares (1964).
2001: Una odisea del espacio (1968) de Stanley Kubrick
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