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Economía
La economía es la ciencia que analiza el comportamiento
humano como una relación entre fines dados y medios escasos
que tienen usos alternativos
Lionel Robbins en 1932
Su objeto de estudio es la actividad humana y, por tanto, es
una ciencia social. Las ciencias sociales se diferencian de
las ciencias puras o naturales en que sus afirmaciones no
pueden refutarse mediante la reproducción de los supuestos
de partida en un laboratorio, y por tanto no puede
certificarse su validez (véase método científico).
La Economía posee un conjunto de técnicas propias de los
economistas científicos. De hecho, John Maynard Keynes
define la Economía como un método antes que una doctrina, un
aparato mental, una técnica de pensamiento que ayuda a su
poseedor a esbozar conclusiones correctas. Tales técnicas
son la teoría económica, la historia económica y los métodos
cuantitativos.
Conviene referirse también a los conceptos de teoría
positiva y teoría normativa. No todas las afirmaciones
económicas son irrefutables, sino que ciertos postulados
pueden verificarse, esto es, que puede decirse que "son" y,
cuando eso ocurre, hablamos de economía positiva (véase
positivismo). Por el contrario, aquellas afirmaciones
basadas en juicios de valor, que tratan de lo que "debe
ser", son propias de la economía normativa y, como tales, no
pueden probarse. La Economía se mueve constatemente entre
ambos polos.
La ciencia económica está justificada por el deseo humano de
satisfacer sus propios fines. Este aspecto es probablemente
el que menos se ha desarrollado en toda la historia del
análisis económico. Tradicionalmente se han considerado los
fines como dados o definidos por los políticos, y se ha
abordado únicamente el problema de su satisfacción.
En ocasiones, al definir la economía, se ha sustituido el
término fines por el de necesidades humanas, y se ha dicho
de ellas que son ilimitadas. Hasta el momento la economía no
se ha ocupado en exceso de determinar cómo se forman las
necesidades humanas ni de si son ilimitadas o no, y para
ello debería avanzar en el desarrollo de la antropología y
la sociología económicas, pero es indiferente cuántas sean
las verdaderas necesidades para que los economistas puedan
ejercer su función tradicional, que es ocuparse de
satisfacerlas.
La materia prima de trabajo de los economistas es el
conjunto de recursos escasos que pueden satisfacer usos
alternativos.
Los recursos al alcance del hombre para satisfacer sus
necesidades son escasos o, al menos, la economía sólo se
ocupa de aquellos que lo son. Y como tales, existe la
necesidad de seleccionar entre ellos para satisfacer fines
alternativos. Si un recurso no es escaso o tiene un único
fin, no está justificado su tratamiento desde el punto de
vista económico, a menos que pretenda asignársele otra
utilidad. Al decidir si un recurso se asigna a la producción
de un bien o servicio determinado, se está asumiendo el
coste de no poder usar ese recurso para la producción de
otros bienes y servicios. Este concepto de coste, más allá
del puro concepto dinerario, es propio de los economistas y
se conoce como coste de oportunidad.
Para asignar los recursos debe existir un criterio que
permita hacerlo de la manera más eficiente posible, y la
economía trata de aportar criterios racionales para la
asignación de los recursos a la producción de bienes y
servicios.
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