Muchas parejas
usan de la pornografía para
enriquecer su vida sexual y sin
embargo, muchas personas también recurren a
la pornografía porque no pueden o no saben
relacionarse con el sexo de otra manera, en
este caso es un pobre sustituto de la
realidad.
La palabra
procede del griego y quiere decir
“escritos
relacionados con la prostitución”.
Más adelante acabó integrando cualquier
texto destinado a provocar el deseo sexual.
A principios
del siglo XX, con la aparición del
cinematógrafo, algunos hombres poderosos
encargaron películas cuyo único objetivo era
fotografiar
el acto sexual para provocar la excitación,
que solían usarse en los prostíbulos como
material, aunque estaba prohibida su
comercialización en todos los países.
Poco a poco
las legislaciones se fueron haciendo más
permisivas y comenzaron a venderse estas
imágenes, pero su uso se limitaba a los
solitarios y solía mantenerse en secreto,
asociado a
vicio o aberración.
En los años
setenta, con la
Revolución
Sexual, la pornografía salió de las
cloacas y llegó a las casas bien. Los
matrimonios alquilaban películas de dibujos
para los niños y porno para ellos.
Encontraron
que les ayudaba en sus relaciones sexuales y
favorecía la comunicación en este ámbito. En
la actualidad las
películas
porno forman parte de las
relaciones sexuales como la ducha o las
sábanas de hilo.
Son una
ayuda, a veces porque favorecen la expresión
del deseo y otras porque son un modo de
aprender cosas nuevas. En este sentido,
la
pornografía es un arma de doble filo.
Hay personas
que no se creen que Superman vuele porque
saben que en las películas todo es mentira y
sin embargo, creen en lo que ven en las
películas eróticas y se sienten
acomplejados por los tamaños, las
habilidades o la disponibilidad sexual
de hombres y mujeres
No se dan
cuenta que, lo mismo que en los otros, en
este tipo de productos se hacen “casting”,
eligiendo las personas mejor dotadas, o se
hace trampa con prótesis, muñecos de látex
etc..
Además, se
filma en una o dos semanas todo lo que vemos
en una hora y, sobretodo, no son
documentales, son
productos
de nuestra fantasía.
Los enemigos
de este tipo de películas hacen hincapié en
la
pornografía infantil, sin observar
que sólo una mínima cantidad de las
películas que se producen en todo el mundo
se dedican a ello y que la mayoría de los
consumidores de pornografía están en total
desacuerdo con este tipo de abusos.
Es más, en
Dinamarca,
que
legalizó la pornografía de adultos en 1960,
observaron que se había reducido el abuso
sexual a niños en un porcentaje
considerable, y también se redujeron las
denuncias por abusos a mujeres.