Por eso los
olores son tan rápidos y tan efectivos.
Pero,
¿cuáles son esos olores que tanto nos
estimulan?
Los hay de
dos tipos:
Los personales, específicamente
humanos. Ese olor que P. Susking llamaba el
olor del amor, es el bisulfito de metilo
segregado por nuestras glándulas sexuales
que están en la boca, las manos, los pies y
los genitales. Es un olor apenas perceptible
pero muy efectivo.
Y los que
quedan
asociados en la memoria a nuestra
experiencia sexual. Si el primero
es el mismo para toda la especie, el segundo
es personal y cada uno sabe cuál es.
Lo bueno es
que el primero lo compartimos con toda la
naturaleza, es el
perfume que
exhalan las flores imitando a las
hembras de los insectos, el que los animales
hembras fabrican para llamar la atención a
los machos y ayudarles a producir el
esperma.
La mayoría de
las personas gustan de los olores añadidos
pero señalan que no sean demasiado intensos.
Cada
perfume se mezcla de una manera especial con
la piel y si queremos que ese
perfume entre a formar parte de la memoria
de la pareja como marcador sexual es
necesario usar siempre el mismo y usarlo con
la piel limpia de otros productos.
Las colonias frutales
sugieren inocencia y candor.
Las muy intensas deseo y pasión, la piel
cambia su composición en el transcurso del
día, con las cosas que comemos y con los
estados de ánimo.
Las personas
asustadas o muy tímidas suelen oler de una
forma desagradable; si este es tu caso usa
colonias cítricas que eliminan perfectamente
esos olores, pero nunca uses otro tipo de
perfume que se mezclará de una forma muy
desagradable.
En los días amorosos no comas
ajo, ni espárragos, ni picante,
estos productos van rápidamente a tu sangre
y no son agradables. Come verduras y frutas,
que producen un olor corporal fresco que
mezcla bien con cualquier perfume.