La simple idea de esta rodeado de
personas que correspondan a nuestro afecto, que
compartan los mismos sueños, intereses, exista plena
confianza y respeto y sea una relación constructiva, es
algo que en muchos momentos de nuestra vida deseamos.
¿Se puede estar rodeado siempre de personas positivas
para nosotros?.
A continuación te presento un plan de cinco puntos
esenciales que nos servirán para potencializar nuestras
conexiones humanas existentes y para crear nuevas
relaciones bendecidas por los ángeles.
1.- Un imán de Relaciones Angélicas
Tu puedes convertirte en un imán de relaciones
angélicas, Lo único que tienes que hacer es concentrarte
en lo que es tu naturaleza, es decir, analizar cuales
son tus características esenciales, internas,
concentrarte en ellas, y pide a tus ángeles que te
ayuden a establecer encuentros con personas que tengan
esta misma naturaleza, con el fin de complementarse y
retroalimentarse en el aprendizaje de nuevas
experiencias.
Nuestras necesidades y cualidades especiales al estar
como prioridad en nuestra mente, se convierten en un
imán para atraer a personas que nos ayuden a superar
algún problema. Por ejemplo, si padeces de alguna
enfermedad, este problema estará siempre presente en tu
mente de manera conciente e inconsciente buscando una
solución a su curación. Te darás cuenta que a tu
encuentro vendrán algunas personas, que sufran de lo
mismo, te cuenten su experiencia, y te den la solución
de alivio. Esta es la mecánica de los ángeles,
acercarnos a personas que se complementen con nosotros
con la finalidad de ayudarnos mutuamente.
2.- Abrir el corazón
Cuando nos sentimos heridos, muchas veces tomamos la
decisión de cerrar nuestro corazón a nuevas relaciones y
afectos, tememos ser lastimados otra vez, y pensamos que
si nos mantenemos al margen y no nos involucramos
emocionalmente con nadie (sean relaciones de pareja o de
amistad) con esto estamos evitando el dolor. Esta
reacción es totalmente normal en el ser humano, todos
alguna vez hemos pensado y actuado de esta manera, solo
que esto lejos de evitar el sufrimiento lo incrementa.
Al no darnos a las personas, al no abrirles nuestro
corazón, estamos actuando como un escudo para el amor,
lo estamos rechazando y nos estamos negando la
posibilidad de encontrar gente que corresponda a
nuestros mismos sentimientos. Nos estamos negando el
derecho del amor.
Si concentramos nuestros pensamientos en el daño que
nos han hecho, esto también actuará como imán, y atraerá
a personas que nos dañen nuevamente.
Cerramos nuestro corazón por defensa propia, pero la
única defensa verdadera es la confianza en nosotros
mismos y la protección de nuestros ángeles.
3.- Descubre tu propósito común
Dentro de todas las relaciones, existe un propósito
en común. Algo que aprender juntos.
Cuando nos casarnos, cuando vivimos con alguien o
pertenecemos a algún grupo, o una empresa, la mayoría de
las veces no nos damos cuenta que dentro de esa relación
hay algo de fondo que aprender juntos.
Por ejemplo, la mayoría de las veces, el propósito
común de un matrimonio, es la formación de los hijos,
pero si buscamos más a fondo, descubriremos que hay más
que aprender juntos, como pareja, si descubrimos esto,
estaremos alargando el amor en nuestro matrimonio aún
cuando nuestros hijos ya no estén con nosotros.
Dentro de una empresa, a veces pareciera que la
misión de cada uno de los trabajadores y empleados, es
llevar al negocio a la cúspide, vender el producto,
promocionarlo, etc. Tal vez el propósito en común de
todos es aprender, la paciencia, el trabajo en equipo,
la habilidad de solución de problemas, en fin, el equipo
de trabajo, sin darse cuenta, está cumpliendo con un
mismo propósito.
Siempre tenemos un propósito en común con la gente
que nos rodea. Nuestros amigos y demás relaciones,
durarán con nosotros el tiempo en el que hayamos
desarrollado y aprendido uno del otro. Una vez hecho
esto, cada uno seguirá su camino en busca de diferentes
experiencias.
4.- La risa
La risa es el alimento del alma, las relaciones que
mantienen la alegría de vivir y de divertirse juntos,
son las más duraderas y las más sanas. Los ángeles
disfrutan mucho, de la felicidad de la gente.
El compartir la alegría de vivir debe ser siempre de
manera positiva, sin ningún rastro de destrucción. Por
ejemplo, un matrimonio en donde una parte es el
comediante y la otra el humillado o el blanco de las
bromas, no es precisamente sano, esta mecánica puede
causar gracia al principio, pero después, aunque las dos
partes estén aparentemente de acuerdo, terminará con
destruir la autoestima de la persona que recaen las
bromas y generará rencor hacia su atacante, aunque sea
de manera inconsciente.
La risa, la alegría y la felicidad debe ser como la
de los niños, cualquier cosa, cualquier momento,
cualquier detalle que podamos compartir en el mismo
nivel de diversión será constructivo en nuestras
relaciones.
El sorprendernos de la vida misma, el disfrutar de
las cosas simples, es parte de la alegría de vivir. No
necesitamos diversiones sofisticadas ni dinero para
ello, lo único que importa es liberar el sufrimiento que
llevamos dentro para que ese sitio lo ocupe el amor y la
felicidad.
5.- La disposición de soltar
Ninguna relación que establezcamos en esta vida puede
ser eterna, todas tienen un principio y un final, y
nosotros tenemos que tener la disposición de dejarlas
ir, cuando se llegue el momento.
El fin de un amor o la muerte misma, son ejemplos de
un final, que por lo general, nos es difícil aceptar.
Este sentimiento es parte de nuestra naturaleza humana.
Pero si nos concentramos en un amor frustrado o pasan
los años y seguimos sin aceptar la muerte de un ser
querido, esto se convertirá en un obstáculo para
avanzar. Nuestra vida tiene que seguir y tenemos que
darnos la oportunidad de conocer gente nueva con afectos
nuevos que nos ayuden a regenerar en nosotros lo que
hemos perdido. No podemos ir en contra de la Ley de Dios
y de sus designios, lo que si podemos hacer es aprender
de ellos cuando las circunstancias no sean comprensibles
a nuestros ojos. Tenemos mucho que aprender y tenemos
que avanzar.
Deja el pasado y concéntrate en el presente, que es
lo único que existe en realidad.