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Colisión Cósmica
En la oscuridad del espacio profundo, tres galaxias se
unen en un ballet celestial.
Las estrellas como nuestro Sol son miembros de galaxias, y a
su vez, la mayoría de las galaxias son miembros de racimos
de galaxias. En éstos, se mueven unas alrededor de otras en
un ballet lento y comúnmente delicado. Pero de vez en
cuando, dos o más miembros se aproximan demasiado para su
seguridad; los movimientos se vuelven agitados, e incluso a
veces se tornan dramáticos, como en el caso de algunas
galaxias que terminan entrando en colisión.
ESO muestra un ejemplo de un tango cósmico de ese tipo. El
que aquí se muestra es el sistema triple NGC 6709-71,
localizado en la constelación del Pavo en el hemisferio sur,
que se encuentra a una distancia de 190 millones de años
luz.
Interacción gravitatoria en un pequeño grupo galáctico
NGC 6769 es una galaxia espiral con brazos espirales muy
apretadamente enrollados, mientras que NGC 6770 tiene dos
grandes brazos espirales, uno de los cuales es bastante
derecho y apunta hacia el disco exterior de NGC 6769.
También es peculiar porque presenta dos franjas oscuras
comparativamente rectas y un arco más tenue que se curva
hacia la tercera galaxia, NGC 6771 (abajo). A partir de esta
nueva fotografía de VTL también resulta obvio que algunas
estrellas y parte del gas han sido desgajados de NGC 6769 y
NGC 6770, comenzando a formar un envoltorio común alrededor
de ellas, en la forma de una máscara. También hay un indicio
de un tenue puente entre NGC 6769 y NGC 6771. Todos estos
rasgos son testigos de una fuerte interacción gravitatoria
entre las tres galaxias. La apariencia combada de la franja
de polvo en NGC 6771 podría ser interpretada también como
más evidencia de interacciones.
Más aún, NGC 6769 y NGC 6770 están alejándose de nosotros a
una velocidad similar de unos 3.800 km/s (un corrimiento al
rojo que está justo encima de 0,01), mientras que la
velocidad de NGC 6771 es ligeramente mayor, de unos 4.200 km/s.
Una explosión de nacimientos estelares
Tan dramático y destructivo como todo ésto pueda parecer, un
evento de este tipo significa también un enriquecimiento,
una verdadera explosión de nacimientos estelares. Como el
ave Fénix que renace de sus propias cenizas, una catástrofe
como ésta normalmente resulta en la formación de muchas
nuevas estrellas. Esto resulta obvio por la naturaleza
azulada de los brazos espirales de NGC 6769 y NGC 6770, y la
presencia de muchos lugares con regiones de estrellas en
formación.
En forma similar, los brazos espirales de la bien conocida
Galaxia del Remolino (Messier 51) pueden haber sido
producidos por un encuentro cercano con una segunda galaxia
que ahora se encuentra localizada al final de uno de los
brazos espirales; y lo mismo puede ser cierto para la
hermosa galaxia meridional NGC 1232 mostrada en otra
fotografía de VTL (PR Photo 37 d/98).
Más cerca de nosotros, una corriente de gas hidrógeno,
similar a la observada en ESO PR Photo 12/04, conecta
nuestra galaxia con la Gran Nube de Magallanes, una reliquia
de sucesos dramáticos en la historia de nuestra propia
galaxia. Y los tiempos tormentosos no han finalizado
todavía: en estos mismos momentos, la Galaxia de Andrómeda,
otra de las vecinas de la Vía Láctea en el Grupo Local de
Galaxias, se está aproximando a nosotros. Todavía está a una
distancia de más de dos millones de años luz, pero los
cálculos predicen que chocará con nuestra galaxia en apenas
seis mil millones de años.
Fuente
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