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El Cosmos
Una fuerza misteriosa llamada energía oscura está
haciendo que el universo se expanda a una velocidad mayor
que la estimada anteriormente.
¿Colapsará finalmente el universo en un “gran mordisco”, se
expandirá para siempre en la “gran soledad”, o será
despedazado totalmente en el “gran desgarrón”?.
La clave para la respuesta de estas preguntas parece residir
en una misteriosa forma de energía que ha estado haciendo
sonar su látigo cósmico sobre el universo por los últimos 6
o 7 mil millones de años. Esta energía oscura sería la causa
de que el universo esté creciendo a un ritmo acelerado, en
lugar de a una velocidad que los científicos pensaban
anteriormente que se iría desacelerando para siempre.
Seis años después de que los astrónomos asombraran por
primera vez al mundo científico con este descubrimiento, los
investigadores dicen que la energía oscura todavía los tiene
desconcertados. Sin embargo, varios estudios reportados a lo
largo del último año han fortalecido la evidencia de que la
energía oscura actúa como un pedal de acelerador cósmico,
dicen los investigadores.
Los resultados “apuntan a la promesa de mejorar nuestra
comprensión acerca de la energía oscura”, dice Michael
Turner, principal del departamento de astronomía y
astrofísica de la Universidad de Chicago. Esa comprensión,
dice, resulta crítica para la respuesta de cuestiones
fundamentales sobre el origen y futuro del universo y de la
naturaleza de la materia y del espacio-tiempo.
La semana pasada, investigadores de Gran Bretaña, Alemania y
de los EE.UU. anunciaron los resultados de estudios del gas
caliente que rodea vastos racimos de galaxias. El esfuerzo,
que utilizó al Observatorio Chandra de Rayos-X de la NASA,
fue diseñado para determinar la cantidad de energía oscura
que contiene el universo, comparada con otras formas de
materia y energía. Además, el equipo intentó ver si la
cantidad de energía oscura cambia con el tiempo, lo que es
clave para la determinación de su naturaleza.
Cualquiera que vea sus resultados podría ser disculpado si
se siente un poco especial. El equipo encontró que el 4% del
universo está hecho de materia ordinaria. Otro 21% consiste
en la así llamada materia oscura, que es inferida por sus
efectos gravitatorios sobre la materia. El 75% restante
consiste en energía oscura, la que ejerce una forma de
presión que hace que actúe como la gravedad puesta en
reversa. Estos resultados son consistentes con los que
fueron reportados el año pasado por las mediciones
satelitales del resplandor del big bang: el fondo cósmico de
microondas.
Si la cantidad de energía oscura es constante, dicen los
astrónomos, el universo continuará expandiéndose a una
velocidad acelerada. En unos 20 mil millones de años o algo
así, solamente serán visibles desde la Tierra unas 100
galaxias. Piensen en ello como “la gran soledad”. Si la
energía oscura cambiara con el tiempo, podría disminuir y
permitir que la gravedad dominara otra vez, impulsando al
universo a colapsar en un “gran mordisco” (”big crunch”). O
podría aumentar sus efectos y acelerar cada vez más la
expansión, lo que llevaría al “gran desgarro” (”big rip”),
en el cual la misma esencia del espacio-tiempo se estira tan
rápidamente que aún los átomos resultan destrozados.
Basado en las observaciones del equipo, Steve Allen, un
astrónomo de la Universidad de Cambridge en Inglaterra y
líder del grupo, dice que la energía oscura se mantiene
constante y “se comporta de forma muy parecida a la
constante cosmológica de las teorías de Einstein” sobre la
evolución del universo
Esencialmente, esto significa que la cantidad de energía por
volumen del espacio permanece constante. Si esta observación
se sigue manteniendo bajo programas más rigurosos, podría
estrechar sustancialmente el espectro de las explicaciones
sobre lo que realmente es la energía oscura.
Lo que no sería malo para una “constante” a la que Albert
Einstein llamó su mayor equivocación. En 1917, cuando sopesó
las implicaciones de su teoría general de la relatividad
para el universo, la mayoría de los astrónomos creía que el
tamaño del universo era invariable. Otras galaxias aparecían
en sus placas fotográficas, pero muchos pensaban que las
borrosas imágenes eran nebulosas o cúmulos estelares en la
Vía Láctea.
Cuando Einstein aplicó sus ecuaciones al universo observado,
los números lo llevaron a una conclusión inquietante. Dada
la forma en que las ecuaciones mostraban que la gravedad
distorsionaba la forma del espacio-tiempo, y dadas las
cantidades de masa y energía en el universo que ejercían
gravedad, el cosmos no podría permanecer estático. Tendría
que colapsar a causa de la atracción gravitatoria.
Los observadores no veían ninguna evidencia de cambio, así
que razonó que tendría que haber alguna forma de “energía
negativa” que se opusiera al tirón gravitatorio. Manejando
sus números, pudo conseguir un universo estático.
En la década de 1920, Edwin Hubble hizo estallar la burbuja
de Einstein. Utilizando los telescopios más poderosos de su
época, Hubble demostró que las manchas borrosas eran
galaxias, y que esas galaxias parecían estar alejándose a
una velocidad acelerada. El universo estaba en expansión.
Por casi 60 años más, los astrónomos acudirían al error de
Einstein para explicar algún que otro nuevo fenómeno, pero
solamente para encontrar más tarde que las explicaciones más
convencionales eran las correctas.
Mientras tanto, los físicos de partículas de los ’60 estaban
trabajando sobre ideas de la mecánica cuántica en las cuales
un vacío podía exhibir una forma de energía. Y cuando
aplicaron la teoría de la relatividad general de Einstein a
esta energía de vacío, la que se pensaba que permeaba el
cosmos, producía una gravitación repulsiva que imitaba a la
constante cosmológica de Einstein. Estos trabajos le dieron
a esta característica una base de física de la que había
carecido.
Lo único que quedaba por hacer era observar la naturaleza.
Eso llegó en 1998, cuando dos equipos que trabajaban
independientemente reportaron observaciones que demostraban
que el universo se estaba expandiendo con una aceleración
mayor a la que debería tener.
Esta vez, la invocación de una energía oscura
gravitatoriamente repulsiva parece ser la respuesta
correcta. Pero la forma en que se relaciona con los
descubrimientos de los físicos sobre las fuerzas de la
naturaleza y las partículas sub-atómicas asociadas con
ellas, permanece en el misterio. De hecho, la energía oscura
podría ser la constante cosmológica de Einstein. O podría
ser un campo cuántico denominado “quintaesencia”. O quizás
podría ser un nuevo aspecto de la propia gravedad.
“Debemos recordar que la llamamos energía oscura, pero éso
da la falsa impresión de que comprendemos lo qué es.
Realmente, no lo sabemos”, dice Adam Riess, un astrónomo del
Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial en Baltimore,
Maryland. A principios de este año, el Dr. Riess y sus
colegas agregaron lo que muchos astrónomos llaman un avance
significativo en la observación de la energía oscura.
En febrero, el equipo publicó algunos resultados de
observaciones del Telescopio Espacial Hubble que abarcaban
una variedad de distancias y períodos en la historia del
universo. Encontraron el momento, hace unos 6 mil millones
de años, cuando ocurrió el cambio de una disminución de la
aceleración de expansión del universo, a un aumento de la
misma, un punto de inflexión que ha sido llegado a conocer
como el “gran sacudón” (”big jerk”). El equipo utilizó la
luz de una poderosa “candela estelar”, un tipo de estrella
explosiva, o supernova, para calcular las distancias. Luego,
utilizaron datos espectrográficos de esos objetos para
determinar la velocidad a la cual estaban retrocediendo las
galaxias que contenían estas supernovas.
Una tercera gran contribución llegó el año pasado,
proveniente de los estudios que involucraban a las
mediciones del fondo cósmico de microondas realizadas por un
satélite de la NASA y a observaciones de la Inspección
Celestial Digital Sloan. Ambos apuntaban a que la energía
oscura era el ingrediente dominante de la receta universal.
Y al combinar datos de los dos, cuatro equipos que
trabajaban independientemente encontraron evidencia de la
acción de la energía oscura en la escala de los racimos de
galaxias, que cubren enormes extensiones del espacio y
abarcan desde 50 a 1.000 galaxias.
Tomados en conjunto, los estudios de los rayos-X, de las
supernovas y de la inspección de microondas representan una
“evidencia extraordinaria” sobre la energía oscura, dijo
Turner, de la Universidad de Chicago, en un informe de la
semana pasada.
El paso siguiente será aprender si la energía oscura varía
con el tiempo. Riess y sus colegas ya han recibido una
generosa cantidad de tiempo de observación en el Telescopio
Espacial Hubble para el año próximo, a los efectos de lograr
una visión más detallada de los trabajos de la energía
oscura. Se están planificando observaciones ópticas en
telescopios con base en tierra y en el espacio para
estudiarla. Los radiotelescopios con base en tierra ya se
están involucrando en el asunto. Y Chandra estudiará más
racimos de galaxias en un mayor rango de distancias.
El descubrimiento de la energía oscura le ha proporcionado a
los investigadores “el más profundo problema de toda la
ciencia”, dice Turner. Resolverlo “requerirá de toda nuestra
energía”.
Fuente
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