|
Creación del Sol y de la
Tierra
La nueva teoría y su fundamento científico,
explicados en exclusiva y en español para Astroseti.org.
Como la mayoría de las historias de la creación, ésta es
dramática: comenzamos no como una luz trémula escondida en
una nube oscura, sino entre el fulgor y el alboroto de
gigantes inquietos.
O al menos así lo dice una nueva teoría, apoyada por
asombrosas imágenes astronómicas y un riguroso análisis
químico. Durante años, la mayoría de los astrónomos ha
imaginado que el Sol y el sistema solar se formaron en un
aislamiento relativo, escondidos en un tranquilo y oscuro
rincón de una algo menos que imponente nube interestelar. La
nueva teoría desafía este concepto tradicional, sosteniendo
en lugar de éso que el Sol se formó en un ambiente nebular
violento, un sub-producto del caos producido por una intensa
radiación ultravioleta y las poderosas explosiones que
acompañan la corta pero espectacular vida de las luminosas
estrellas masivas.
La nueva teoría se describe en un artículo de “Perspectivas”
publicado en el número del 21 de mayo de la revista Science.
Este artículo fue escrito por un grupo de astrónomos e
investigadores de meteoritos de la Universidad del Estado de
Arizona (ASU = Arizona State University), que citan una
recientemente descubierta evidencia isotópica además de
observaciones astronómicas acumuladas, para sugerir una
historia del desarrollo del Sol, de la Tierra y de nuestro
sistema solar que es significativamente diferente al
escenario tradicionalmente aceptado.
Si los trabajos futuros la sostienen, esta visión de nuestro
nacimiento cósmico podría tener profundas implicaciones para
nuestra comprensión de todo, desde el tamaño y la forma de
nuestro sistema solar hasta la configuración física de la
Tierra y el desarrollo de la química de la vida.
“Hay dos tipos diferentes de ambientes para la formación de
estrellas de poca masa, como el Sol”, explicó el astrónomo
de la ASU Jeff Hester, el autor líder del ensayo. “En uno de
los tipos de ambiente de formación estelar, hay un proceso
bastante tranquilo en el cual una nube molecular colapsa
lentamente, formando una estrella por aquí... y otra por
allá... El otro tipo de ambiente es radicalmente diferente.
Son regiones mucho más masivas que forman no solamente
estrellas de poca masa, sino que también producen estrellas
luminosas y de gran masa”.
Estas regiones más masivas son muy diferentes porque, una
vez que se ha formado una estrella de gran masa, comienza a
emitir cantidades enormes de energía que a su vez cambian
completamente la forma en que se generan las estrellas como
el Sol en ese ambiente. “Por mucho tiempo, la gente ha
imaginado que el Sol se formó en el primer tipo de ambiente,
más tranquilo”, anota Hester, “pero creemos que tenemos
evidencias convincentes de que ése no es el caso”.
Un elemento crítico de las razones del equipo es el reciente
descubrimiento en los meteoritos de un patrón de isótopos
que solamente puede haber sido causado por la desintegración
radioactiva del hierro-60 (60Fe), un isótopo inestable que
tiene una vida media de solamente un millón y medio de años.
El 60Fe solamente puede ser creado en el corazón de una
estrella masiva, y por lo tanto su presencia activa en el
sistema solar joven proporciona una fuerte evidencia de que
cuando el Sol se formó, hace 4.500 millones de años, había
una estrella masiva en sus cercanías.
Entre los co-autores del ensayo de Science se encuentran
Steve Desch, Kevin Healy y Laurie Leshin. Leshin es
cosmoquímica y directora del Centro para Estudios de
Meteoritos de la Universidad del Estado de Arizona. “Una de
las cosas emocionantes sobre la investigación es que es
realmente transdisciplinaria, surgiendo de la astrofísica y
del estudio de los meteoritos, rocas que se pueden recoger y
sostenerlas en la mano, para llegar así a una nueva
comprensión de nuestros orígenes”, anota Leshin.
Cuando nace una estrella masiva, su intensa radiación
ultravioleta forma una “región Hill”, es decir, una región
de gas ionizado caliente que empuja hacia fuera a través del
espacio interestelar. La Nebulosa del Águila, la Nebulosa de
Orión y la Nebulosa Trífida son ejemplos bien conocidos de
regiones Hill. Una onda de choque es impulsada delante de la
región Hill en expansión, comprimiendo el gas que la rodea y
disparando la formación de nuevas estrellas de poca masa.
“Vemos esta formación de estrellas de poca masa en las
regiones Hill de hoy en día”, dijo Healy, quien completó
recientemente un estudio de observaciones de radio sobre
este proceso en funcionamiento.
Sin embargo, la nueva estrella no tiene mucho tiempo para
completar su acto. En un lapso de aproximadamente 100.000
años, la estrella y lo que queda de su pequeña nube natal
serán puestas al descubierto por el borde en avance de la
región Hill, y deberán exponerse a la dura radiación
ultravioleta de la estrella masiva. “Vemos a esos objetos
emergiendo de los bordes de las regiones Hill”, dijo Hester.
“Son los “glóbulos gaseosos en evaporación” o EGGs (EGG =
evaporating gaseous globules) que se observan en la famosa
imagen de la Nebulosa del Águila tomada por el Hubble. (N.T.:
Juego de palabras en inglés, puesto que “egg” también
significa “huevo”).
Los EGGs tampoco viven para siempre. En unos diez mil años
se evapora, dejando detrás solamente la estrella de poca
masa y su ahora desprotegido disco planetario, para que
enfrenten lo más recio de la ira de la estrella masiva. Como
un trozo de hielo en un día caluroso, el propio disco
comienza a evaporarse, formando una estructura
característica en forma de gota, como los proplidos que se
ven en la imagen del Hubble de la Nebulosa de Orión. “Una
vez que comprendimos lo que estábamos viendo, nos dimos
cuenta de que teníamos un montón de imágenes de EGGs
capturados justo en el momento en que se estaban
convirtiendo en proplidos”, dijo Hester. “La conexión
evolutiva entre estas dos clases de objetos es clara”.
En otros diez mil años o algo así, el proplido (N.T.: del
inglés proplyd = protoplanetary disc, es decir, “disco
protoplanetario”) también es barrido. Lo que queda es la
estrella en sí misma, rodeada por la parte interior del
disco (comparable en tamaño con nuestro sistema solar), que
es capaz de resistir el continuo choque de la radiación. Es
a partir de este disco y en este ambiente, donde los
planetas pueden formarse.
Este proceso deja a una estrella tipo Sol y al disco que la
rodea en el interior de una cavidad de baja densidad con una
estrella masiva al alcance de la mano. Las estrellas masivas
mueren jóvenes, explotando en violentos acontecimientos
llamados “supernovas”. Cuando una supernova estalla,
condimenta a los sistemas planetarios infantiles que la
rodean con elementos químicos recién sintetizados,
incluyendo a los isótopos radiactivos de corta vida como el
60Fe.
“Aquí es donde entran los datos de los meteoritos”, dijo
Hester. “Cuando observamos las regiones Hill vemos que están
llenas de jóvenes estrellas tipo Sol, muchas de las cuales
están rodeadas por discos protoplanetarios. Una vez que se
hace la pregunta: “¿qué sucederá cuando esas estrellas
masivas exploten como supernovas?”, la respuesta es bastante
obvia. Estos jóvenes discos se verán enriquecidos con un
montón de elementos recién hechos”.
“Cuando se toma un meteorito y se encuentra una mezcla de
materiales que solamente pueden ser explicados con facilidad
por una supernova cercana, se comprende que se está mirando
la respuesta a una vieja pregunta de la astronomía y de la
ciencia planetaria”, agregó Desch.
“Así, ahora sabemos que si pudiéramos retroceder 4.500
millones de años en el tiempo, y ver la formación de nuestro
Sol y de nuestro sistema solar, veríamos el mismo tipo de
ambiente que hoy encontramos en las nebulosas Trífida o
Águila”, dijo Hester.
“Hay muchos aspectos de nuestro sistema solar que parecen
tener sentido a la luz del nuevo escenario”, hace notar
Leshin. “Por ejemplo, ésta podría ser la razón por la cual
la zona exterior de nuestro sistema solar, el Cinturón de
Kuiper, parece terminar tan abruptamente. La radiación
ultravioleta podría también haber jugado un papel en la
química orgánica del joven sistema solar, y podría explicar
otros efectos peculiares tales como las anomalías en la
abundancia de isótopos de oxígeno en los meteoritos”.
Una de las especulaciones más intrigantes es que la cantidad
de material radiactivo inyectado por la supernova en el
joven sistema solar pudo haber tenido una profunda
influencia en la habitabilidad de la propia Tierra. El calor
liberado por la desintegración de este material pudo haber
sido responsable por el “cocimiento” de los planetesimales a
partir de los cuales se formó la Tierra, y en el proceso
determinar la cantidad de agua que encontramos hoy en
nuestro planeta.
“Resulta apasionante pensar que la vida sobre la Tierra
pueda deber su existencia a la clase específica de estrella
masiva que provocó en primer lugar la formación del Sol, y a
exactamente cuán cerca estábamos de ella cuando se convirtió
en supernova”, reflexionó Hester. “Una cosa que es clara es
que las fronteras tradicionales entre campos tales como la
astrofísica, la meteorítica, la ciencia planetaria y la
astrobiología, se desdibujan. Este nuevo escenario presenta
muchas implicaciones, y genera un montón de nuevas
predicciones que podemos comprobar”.
Si es aceptada, esta nueva teoría puede también ser útil
para la búsqueda de la vida en el universo. “Deseamos saber
cuán comunes son los planetas tipo Tierra. El problema con
la contestación a esta pregunta es que si no se sabe cómo se
forman estos planetas, si no se entiende su conexión con los
ambientes astrofísicos, entonces lo único que se puede hacer
es especular,” dijo Hester.
“Pensamos que estamos comenzando a ver una conexión causal
muy específica entre los ambientes astrofísicos y las cosas
que tienen que estar en su lugar para crear un planeta como
el nuestro”.
Fuente
LO ÚLTIMO
en tu Correo.
Suscríbete Gratis a NUESTRO BOLETÍN !!
Te Agradeceríamos nos informes si encuentras un
ENLACE
ROTO
|