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El calor de la vida
Unos microbios que gustan de las altas temperaturas
pueden ofrecer claves sobre el origen de la vida en nuestro
planeta.
A lo largo de los últimos 20 años, los científicos han
acariciado la idea de que la mayor parte de la vida de
nuestro planeta habita no sobre la superficie, sino debajo
de su suelo. La teoría ha impulsado nuevas ideas sobre los
orígenes de la vida sobre la Tierra y sobre dónde buscarla
en otros planetas.
La corteza terrestre se va calentando a medida que se va
acercando al núcleo de hierro-níquel fundido que se cree
existe en el centro de nuestro planeta. Una de las preguntas
que se hacen los científicos que estudia la vida en la
corteza terrestre es: ¿cuál es la temperatura demasiado
elevada como para que sobreviva la vida?.
Como los científicos piensan que en algún momento la Tierra
estuvo casi totalmente fundida, la respuesta a esta pregunta
puede derramar luz sobre cuán pronto pudo la vida comenzar a
evolucionar en nuestro mundo.
“Si la Tierra tuvo que enfriarse hasta llegar a una
temperatura en la que la vida fuera posible, existe la
probabilidad de que una forma de vida adaptada a las altas
temperaturas pudiera haber existido mucho antes”, dijo Derek
Lovley, un microbiólogo de la Universidad de Massachusetts,
Amherst.
Buena parte de esta vida de debajo de la corteza, a la que
los científicos se refieren como biomasa, son microbios que
utilizan el hidrógeno y minerales como el hierro como
fuentes de energía, del mismo modo en que los humanos
utilizamos el oxígeno y los alimentos para obtener nuestra
energía.
Lovley está en el frente de batalla de la investigación
sobre tales microbios. Ha descubierto docenas de especies
diferentes, incluyendo a la Variedad 121, un microbio que
vive a 121ºC, la más alta temperatura conocida hasta ahora
en la que exista vida.
La habilidad de crecer a 121ºC resulta significativa, puesto
que por más de un siglo ha sido la utilizada para
esterilizar los equipos médicos. Los científicos pensaban
que unas temperaturas tan altas eliminarían todas las formas
de vida.
“Es una especie de marca”, dijo Lovley. “Es como quebrar los
cuatro minutos para la milla”.
La Variedad 121, que queda adormecida a temperaturas
inferiores a los 80ºC, vive en ambientes conocidos como
conductos hidrotermales en el lecho oceánico. Estos
conductos, o ventilas, escupen hidrógeno y agua caliente
rica en minerales desde las profundidades de la corteza
terrestre, hacia la superficie.
Por muchos años, los científicos han sabido de otros
microbios que sobreviven en y alrededor de los conductos
hidrotermales, a temperaturas superiores a los 100ºC. La
Variedad 121 sencillamente “abre un poco más esa ventana en
que la vida puede existir”, dijo Lovley.
Jack Farmer, un astrobiólogo de la Universidad del Estado de
Arizona en Tempe, dijo que esta apertura de la ventana de la
vida sobre la Tierra, expande el potencial para que la vida
se desarrolle y persista en otros lugares del sistema solar,
y aún más allá.
“A medida que se incrementa el límite de temperatura que
permite la vida, se abren nuevas oportunidades para
ambientes habitables, y los ambientes hidrotermales sub-superficiales
están entre los más importantes”, dijo Farmer.
“El Taladro del Hombre Pobre”
John Delaney, un geólogo marino de la Universidad de
Washington en Seattle, dirigió la expedición que trajo a la
superficie el trozo de conducto hidrotermal en el cual se
aisló la Variedad 121.
Delaney expresó que el examen de tales ambientes dio a los
investigadores una instantánea de como es la vida en las
profundidades de la corteza terrestre, en donde las
temperaturas son más altas. “Nuestra forma de hacerlo fue un
“programa de taladrado de hombre pobre”, dijo.
El equipo expedicionario utilizó un submarino a control
remoto para cortar y traer a la superficie un trozo de
ventila hidrotermal de la Cordillera Juan de Fuca, que se
encuentra a unos 320 kilómetros mar adentro, frente a Puget
Sound, en Washington, y a unos 2,5 kilómetros de profundidad
en el Océano Pacífico.
El lecho marino en Juan de Fuca es frío, aproximadamente
unos 2ºC. Pero debajo del suelo, la temperatura se eleva
gradualmente hasta llegar a ser, eventualmente, muy
caliente.
“Si se trasladan esas condiciones haciendo que llegue agua
caliente por una fisura, se construirá una chimenea
sulfhídrica”, dijo Delaney. “Y esta chimenea sulfhídrica
será muy fría en su exterior (dos o tres grados), pero en el
interior podrá llegar a tener hasta 300ºC”.
Un trozo de una de estas chimeneas, o ventilas
hidrotermales, es lo que Delaney y su equipo trajeron a la
superficie..
“Imaginamos que podríamos ver diferentes clases de microbios
en las paredes a medida que se iba haciendo más y más
caliente, y que muy pronto ya no habría más microbios por
ahí... lo que indicaría un límite para la vida en esas
condiciones”, dijo.
Límites y Orígenes
Los microbios que viven en esos ambientes que carecen de
carbono orgánico son conocidos como arqueas, que
literalmente significa “antiguas”. Las arqueas son
genéticamente diferentes de otras bacterias aparentemente
similares que necesitan de la fotosíntesis y de la materia
orgánica para sobrevivir.
El descubrimiento de la Variedad 121 impulsa la teoría
sostenida por algunos científicos de que las primeras formas
de vida sobre la Tierra eran las arqueas que podían
sobrevivir en altas temperaturas a través de reacciones
químicas con el hidrógeno y el hierro.
“Parecería haber ramas más cercanas a lo que fue nuestro más
antiguo ancestro de la vida existente”, dijo Lovley. “Todas
son hiper-termófilas que sobreviven a altas temperaturas”.
Muy pronto en la historia de la Tierra, de acuerdo a Delaney,
ocurrieron erupciones volcánicas en el lecho oceánico, a
medida que el núcleo del planeta se separaba de la corteza.
Estas erupciones pudieron haber permitido la mezcla del
hidrógeno y de minerales como el hierro y el azufre, donde
los microbios podrían prosperar.
“Ese puede ser uno de los caminos que toma el origen la de
vida”, dijo Delaney. Si este es el caso, agregó, entonces el
estudio de los conductos hidrotermales es un paso en el
proceso del entendimiento acerca de cómo podría funcionar la
dinámica de un sistema de ese tipo.
Y la comprensión del funcionamiento de dicho proceso en la
Tierra podría ayudar en la búsqueda de vida en otros
planetas.
Farmer, el astrobiólogo de la Universidad del Estado de
Arizona, dijo: “Al fin y al cabo, los sistemas hidrotermales
estaban diseminados por todo el sistema solar primitivo, y
se piensa que todavía están presentes en la sub-superficie
de muchos otros objetos del sistema solar actual, como ser
Marte, Europa, y aún en el interior de los grandes
asteroides”.
Así que quizás la pregunta para los científicos no sea si
hay vida en otros planetas, sino si hay vida dentro de
ellos.
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NOTAS DEL TRADUCTOR
Ventilas Hidrotermales: Las ventilas o conductos
hidrotermales son plumas de agua caliente que surgen de
rocas y fracturas a lo largo del fondo oceánico,
especialmente en las regiones de formación de suelo marino,
como ser las cordilleras oceánicas y los valles de fractura
(”rift valleys”). La formación de ventilas hidrotermales y
las comunidades de organismos que dependen de ellas son hoy
en día un área de intensa investigación.
Junto con el agua, las ventilas hidrotermales transportan
una gran variedad de minerales, presumiblemente por la
disolución de los compuestos químicos de las rocas en lo
profundo de las ventilas. Cuando entran en contacto con el
agua fría del fondo del mar, estos minerales se precipitan y
forman depósitos sobre las rocas que los rodean.
A raíz de esto, se reconocen varias formas de ventilas. Las
fumarolas negras son las emiten corrientes oscuras de
partículas, que a menudo son ricas en sulfitos, plomo,
cobalto, zinc, cobre y plata. Las fumarolas blancas eyectan
corrientes con partículas de yeso y zinc, en lugar de
sulfitos, y contienen cantidades menores de hierro y cobre.
Existen otras variedades también diferenciadas por el tipo
de productos químicos en particular que arrastran en su
corriente.
Hasta el momento de su descubrimiento, se pensaba que los
organismos que vivían en lo profundo del mar, dependían de
una “lluvia” constante de alimentos que llegaba desde
arriba, es decir, de las regiones iluminadas del océano, con
una cadena de alimentación similar a la de tierra firme,
donde en última instancia todo el alimento proviene de las
plantas que lo generan a partir de la fotosíntesis.
Sin embargo, junto a los conductos hidrotermales encontraron
toda una nueva biozona, en la que organismos adaptados al
efecto sobreviven en otra cadena alimenticia, en la base de
la cual se encuentra una clase especial de bacterias,
llamadas quimioautótrofas (de “quimio” = fuente de energía
química; “auto” = a sí mismas; “trofo” = tipo de
alimentación), y que son capaces de utilizar la energía de
los productos químicos liberados por las ventilas para
sintetizar los compuestos de carbono que requieren para
crecer y reproducirse
Fuente
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