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El destino de la Tierra
Dentro de algunos miles de millones de años el Sol
crecerá y, cual gigante mitológico, engullirá a algunos de
sus hijos.
El calentamiento global actual no es nada, comparado con lo
que los astrónomos han visto a través de la máquina del
tiempo de sus telescopios.
Las imágenes más detalladas obtenidas hasta ahora de los
ambientes muy cercanos a las superficies de varias estrellas
viejas e hinchadas revelan un potencial futuro al rojo vivo
para la Tierra. Como esas estrellas son versiones más
ancianas de la que nos da vida, las mediciones de los
astrónomos avizoran lo que sucederá dentro de unos pocos
miles de millones de años, cuando el agigantado Sol abrase
la Tierra.
Los agonizantes objetos son llamados “estrellas Mira”, por
la más famosa integrante del grupo. Son parte de una clase
mayor de objetos conocidos como gigantes rojas, el que
incluye a los populares objetivos de los observadores del
cielo, Betelgeuse y Antares, ambas consideradas
supergigantes rojas.
Las estrellas Mira han agotado casi totalmente el hidrógeno
que alimenta sus hornos termonucleares, y se han hinchado
hasta alcanzar un diámetro mayor a la órbita de nuestro
planeta. La vieja estrella pulsa, expandiéndose y
contrayéndose más o menos una vez por año.
Cuando a su vez nuestro Sol comience a pulsar, la
temperatura superficial de nuestro planeta trepará
periódicamente hasta los 3.000ºC, dice Guy Perrin, un
investigador del Observatorio de Paría que encabezó este
nuevo estudio.
“La consecuencia directa será que la vida dejará de ser
posible en la Tierra”, dijo Perrin a SPACE.com. “Aunque ésto
sucederá dentro de algunos miles de millones de años”.
Es también una razón por la que Perrin y sus colegas
estudian ansiosamente a las estrellas Mira, cuya actividad
ha impedido la visión de sus superficies.
El nuevo trabajo combinó varios telescopios para crear
efectivamente un gran observatorio en una técnica llama
interferometría, lo que permitió observar la fotosfera de
cada estrella, la zona que se encuentra justo sobre la
superficie.
“Durante estas pulsaciones, Mira perdió una gran cantidad de
su materia, enviándola hacia el medio interestelar”, explicó
Perrin. Una masa equivalente a un tercio de la Tierra es
bombeada hacia el espacio con cada pulsación. Los
científicos no conocen exactamente el mecanismo que produce
este efecto.
“La creencia actual es que las pulsaciones eleven material
sobre la superficie, y que este material forma el polvo que
es empujado lejos por la radiación, como en un viento
estelar”, dijo.
La nueva investigación descubrió que detrás del viento queda
una estrella rodeada por un caparazón de vapor de agua y
posiblemente monóxido de carbono. La presencia de esta capa,
muy por encima de la superficie estelar, es “algo
misteriosa”, según el reporte del equipo de Perrin. Se
encuentra demasiado alta y es demasiado densa como para ser
sostenida únicamente por la presión atmosférica, dicen.
Probablemente, las pulsaciones de la estrella tengan algo
que ver con ésto.
Los investigadores pudieron también determinar algunas
dimensiones. Las estrellas Mira son aproximadamente un 30%
más pequeñas que lo que sugerían observaciones previas. El
diámetro superficial de cada una cabe justo en el interior
de la órbita de Marte. Sin embargo, la capa exterior de
vapor de agua y monóxido de carbono llega hasta tan lejos de
la estrella como el cinturón de asteroides (entre Marte y
Júpiter) lo está de nuestro Sol.
“Este descubrimiento resuelve algunas inconsistencias
molestas entre las observaciones de los tamaños de las
estrellas Mira y los modelos que describen su composición y
pulsaciones, que ahora se puede ver concuerdan en general
unos con otros”, dijo el miembro del equipo Stephen Ridgway
del Observatorio Nacional de Astronomía Óptica en Tucson,
Arizona.
“Y he aquí lo que significa a largo plazo: cuando nuestro
Sol se hinche, la Tierra será engullida y vaporizada, y
Marte será abrasado. Una de las cuestiones pendientes,
acerca de la cual han especulado otros científicos, es si la
vida sobre la Tierra desaparecerá debido a la sequía
extrema, o esperará a ser freída totalmente”.
Las observaciones en el infrarrojo cercano fueron realizadas
con el Conjunto de Telescopios Óptico-Infrarrojos (IOTA) del
Observatorio Astrofísico Smithsoniano en Arizona. Los
resultados serán publicados en la revista Astronomy &
Astrophysics.
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