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Saladino
Nacido en Takrit, en el actual Irak,
Saladino, según se le conoce en Occidente, era de origen
kurdo; su nombre árabe es Salah al-Din Yusuf. A los 14
años se unió a su tío Shirkuh al servicio del gobernante
sirio Nur al-Din.
Nur al-Din designó como comandante de sus tropas a uno
de sus generales de máxima confianza, Shirkuh. Este
llevó entre su séquito a su sobrino. Shirkuh necesitaba
alguien en quien confiar realmente durante la misión, y
Saladino era tenido en muy buena estima por su tío.
Entre 1164 y 1169 destacó en tres expediciones para
ayudar al decadente califato fatimí de Egipto frente los
ataques de los cruzados cristianos establecidos en
Palestina.
Luego de derrotar al ejército cruzado-egipcio se
hicieron fuertes en El Cairo ,sin embargo, Shirkuh ya
era muy viejo para los estándares de la época (tenía un
poco más de 60 años) y, tres meses después de ser
nombrado visir, murió.
Las cosas hubieran marchado muy mal para los invasores
sirios de no ser porque Saladino fue designado nuevo
visir. Aunque nominalmente sujeto a la autoridad del
califa fatimí de El Cairo, Saladino trató Egipto como
base de su poder , confiando sobre todo en su familia
kurda y sus seguidores.
Una vez revitalizada la economía de Egipto y
reorganizada su fuerza terrestre y naval, Saladino
repelió a los cruzados y dirigió la ofensiva contra
ellos.
Lo que no sospechaba Nur al-Din era que Saladino era un
hombre de una tremenda ambición. Jamás se le pasó por la
cabeza el ser el gobernante títere de Egipto, sometido a
los designios de un lejano príncipe en Damasco o Aleppo.
Quería poder para él, poder absoluto sobre vastos
territorios. El resentimiento creció entre ambos, y
hubiera habido guerra de no ser por que Nur al-Din cogió
una enfermedad y murió en 1174.
Las cosas se facilitaron para Saladino, quien
inmediatamente partió hacia Siria y puso sitio a Aleppo,
reclamando la herencia del príncipe fallecido.Asi fue
designado rey de toda Siria, con lo que terminó en poder
de un territorio muchísimo más extenso que cualquiera de
sus antecesores y contemporáneos.
Después de la rendición de Damasco (1174), Alepo (1183)
y Mosul (1186), numerosos ejércitos musulmanes, aliados
bajo el mando de Saladino, estaban preparados para
combatir a los cruzados.
Saladino intentó una invasión de Tierra Santa, pero fue
detenido y rechazado en Ramleh, en 1177. En 1180 se
firmó una tregua de dos años entre los musulmanes y el
Reino de Jerusalén, pero al año siguiente, un noble
cristiano bastante pendenciero, Reynaldo de Chatillon,
atacó una caravana que iba de Egipto a Siria. Saladino
consideró esto un acto ofensivo y declaró rota la
tregua. Al principio, Balduino IV, Rey de Jerusalén,
actuando junto con Reynaldo, lograron rechazar a
Saladino, pero las intrigas políticas al interior de
Reino obligaron a pactar una nueva tregua. Pero
nuevamente Reynaldo atacó una rica caravana, y hasta
allí llegó la paciencia del príncipe musulmán. Reunió un
gran ejército y marchó sobre Palestina dispuesto a
destruir todo lo que fuera cristiano. Con la complicidad
del conde de Trípoli, Saladino introdujo su ejército en
1187 y empezó a descender hacia Jerusalén. El nuevo Rey,
Guy, reunió todas las fuerzas cruzadas en Tierra Santa,
junto con los contingentes de templarios y
hospitalarios, y partió a enfrentar a los islámicos. Los
ejércitos chocaron cerca al lago de Tiberíades, en el
lugar llamado los Cuernos de Hattin, y allí los
cruzados, habiendo esocogido mal el terreno y habiendo
permitido a los templarios atacar irracionalmente,
fueron sencillamente arrollados por sus enemigos. Todos
los miembros de las órdenes militares que fueron
capturados fueron ejecutados, y Saladino ejecutó
personalmente a Reynaldo, cumpliendo lo que había
prometido en un tiempo anterior. Guy fue mantenido
cautivo para pedir rescate por él.
Después de Hattin, los cristianos no pudieron ofrecer
mayor resistencia, por lo que Saladino marchó triunfante
por las calles de Jerusalén en octubre de 1187.
En 1189 las naciones de Europa occidental lanzaron la
tercera Cruzada para recuperar la ciudad santa.
A pesar de la implacabilidad militar y de los esfuerzos
diplomáticos, el bloqueo terrestre y naval obligaron a
la rendición del bastión palestino de Acre en 1191,
aunque los cruzados fracasaron en la consecución de
Jerusalén. En 1192 Saladino firmó un acuerdo de
armisticio con el rey Ricardo I de Inglaterra que
permitió a los cruzados reconstituir su reino a lo largo
de la costa palestino-siria, aunque dejó Jerusalén en
manos musulmanas. El 4 de marzo de 1193, Saladino murió
en Damasco tras una breve enfermedad.
En Europa, esto fue el horror de los horrores. La labor
de 90 años antes estaba desecha. Prácticamente, la
Cristiandad había sido expulsada de los Lugares Santos.
Se requería que se formar a una nueva expedición de
guerreros de Dios que rescataran, una vez más, a
Jerusalén del infiel.
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