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La Ciudad encantada de la Patagonia
La leyenda de la Ciudad de los Césares o Encantada de la
Patagonia, fue el último gran mito de la conquista
americana. Tuvo una vida muy larga que supervivió a la
conquista misma. Comenzó en 1529 y duro hasta fines de XVIII.
La también llamada Ciudad errante, Elelín o su más conocido
nombre de los Césares, es una ciudad de plana cuadrada, como
Buenos Aires; de piedra labrada y edificios techados con
tejas. Sus templos eran de oro macizo. El pavimento también
es de oro macizo. En algunas versiones está en un claro del
bosque; en otras, en una península; otras dicen que esta en
el medio de un lago, con un puente levadizo para la única
puerta que le da acceso. Abunda en ella el oro y la plata,
de la cual están forradas las paredes, con estos metales
también se hacen asientos, cuchillos y rejas de arado.
Tienen campanas y artillería, las cuales se escuchan de
lejos. Algunos dicen que al lado de ella hay dos cerros, uno
de diamante y el otro de oro.
Sus habitantes son altos, rubios y con barba larga. Hablan
una lengua extraña, aunque en algunas versiones es el
español. Se dedican al ocio, y no tienen enfermedades. O son
inmortales o solo mueren de viejos. Algunos dicen que son
exactamente los mismos que fundaron la ciudad, ya que no
nace ni muere nadie en la Ciudad Encantada. Tienen indios a
su servicio, y algunos custodian el camino que lleva a ella.
Algunas versiones dicen que son dos o tres ciudades (sus
nombres son Hoyo, Muelle y Los Sauces). Tienen vigías para
detectar la proximidad de intrusos e impedirles el acceso.
Hay versiones que dicen que es invisible para los que no son
habitantes de ella, a veces uno la puede ver si es justo o
al atardecer o el viernes santo. Se la puede atravesar sin
siquiera darse cuanta. Algunos dicen que es errante, o sea,
que para encontrarla hay que limitarse a esperarla en un
sitio.
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