Cuando una célula se enferma, pierde su capacidad de
dividirse normalmente y comienza a sufrir
modificaciones, formando grandes masas celulares o
tumores.
Nuestro cuerpo está formado por muchos millones de células que se organizan
formando tejidos para cumplir funciones determinadas. Sin embargo, cuando el
cáncer se adueña de las células esta organización se va al suelo, produciéndose
una cantidad cada vez mayor de ellas en el tejido, distorsionándolo hasta formar
una protuberancia o tumor. Y no solo eso; además, las células comienzan a perder
su sentido de orientación y de territorio. Ya no reconocen sus límites, lo que
inevitablemente las lleva a dispersarse a otras partes del cuerpo, situación que
se conoce como
metástasis.
Cuando una célula se enferma, pierde su
capacidad de dividirse normalmente y comienza a sufrir modificaciones, formando
grandes masas celulares o tumores, como dijimos anteriormente. Sin
embargo, no siempre estos son malignos, ya que pueden presentarse en forma
aislada, lo que significa que son benignos, es decir, son menos dañinos para el
funcionamiento de nuestro organismo. Pero si las células del tumor son muy
invasoras y se expanden por otras partes del cuerpo, produciendo metástasis.
Estamos hablando de un tumor maligno o de cáncer propiamente tal.
Con su división descontrolada, las células no solo forman tumores sino que
ahogan, desnutren y vuelven indefensas a las células normales del entorno,
pudiendo provocarnos la muerte.
A pesar de que existen varios tipos de cáncer, las transformaciones celulares
que provocan son comunes a todos ellos.
Imágenes:
Cáncer de la
Piel