Por el sistema circulatorio transitan todos los
nutrientes que necesitamos para la vida. Pero su función
no se limita solo al transporte; también nos protege y
mantiene a la temperatura exacta.
Tal como el agua que tomamos a diario se distribuye
a través de una extensa red de cañerías hasta llegar
a nuestras casas y servirnos de alimento, de similar
manera la sangre fluye por el cuerpo mediante una
intrincada red de tuberías.
Nuestro organismo, que
está compuesto por millones de células, necesita
para su normal funcionamiento oxígeno y sustancias
generadoras de energía. Estos elementos vitales se
encuentran en la sangre, y es el aparato
circulatorio el encargado de realizar su
distribución por todo el organismo. Es decir, es un
sistema de bombeo continuo en circuito cerrado,
formado por un motor, que es el corazón; los
conductos o vasos sanguíneos, que son las arterias,
venas y capilares; y el fluido que transita por
ellos, la sangre.
Además de transportar los elementos nutritivos,
este centro de distribución cumple otras funciones
primordiales, como el transporte de algunas
hormonas, la eliminación de los productos finales
del metabolismo y la regulación de la temperatura