Es el encargado de trasladar los elementos básicos
que necesita nuestro cuerpo para funcionar.
Como una gran autopista que comunica todas las
ciudades de un país y, a través de pequeños e
intrincados caminos, los lugares más alejados, el
sistema circulatorio se encarga de trasladar los
elementos básicos que necesita nuestro cuerpo para
funcionar.
Además, también se preocupa de servir de medio para
sacar los desechos, para que circulen las hormonas que
inhiben o estimulan funciones básicas y, más aún,
facilita sus caminos para que actúen los sistemas
defensivos del organismo. Incluso, se preocupa de
mantenerse a una temperatura adecuada, pues sus
variaciones también afectan al resto de nuestro cuerpo.
Para que esta supercarretera funcione y cumpla con
sus misiones de alimentación, defensa y control de
diversas acciones y de la temperatura corporal, necesita
de un motor que la mantenga activada
permanentemente. Esta función esencial la cumple el
corazón. El sistema se completa con los conductos o
vasos sanguíneos, que son las arterias, venas y
capilares; y el fluido que transita por ellos, la
sangre.
El responsable de
todo
El corazón es como una gran ciudad desde donde todo
sale y todo regresa en una actividad que ejercita día y
noche. Este músculo, en forma de pera, que mide 12,5
centímetros de largo y que pesa 450 gramos
aproximadamente, late en promedio 70 veces por minuto,
bombeando la sangre.
El corazón se ubica dentro del tórax, entre los
pulmones. Lo forma un músculo hueco denominado
miocardio, el que está cubierto en su cara interna
por el endocardio y, en su parte externa, por el
pericardio.
Nuestro poderoso motor tiene, además, dos cavidades
superiores llamadas aurículas, y dos inferiores,
los ventrículos.
La aurícula derecha comunica con el ventrículo
derecho por un orificio llamado auriculoventricular
derecho. En los bordes de este agujero se sitúa la
válvula tricúspide.
La aurícula izquierda se conecta con el ventrículo
izquierdo a través del orificio auriculoventricular
izquierdo en cuyas orillas se encuentra la
válvula mitral o bicúspide.
Estas válvulas son sumamente importantes, por cuanto
dejan pasar la sangre desde las aurículas hacia los
ventrículos e impiden su retorno.
Igualmente importantes son otras dos válvulas, la
pulmonar y aórtica, que bloquean a la sangre
de las arterias, para que no regrese a los ventrículos.
Corazón latiente
Cuando tu corazón late, significa que los centros
nerviosos que generan los impulsos rítmicos causantes de
este movimiento están funcionando cabalmente, pues le
permiten contraerse y relajarse, es decir, realizar la
sístole y la diástole, respectivamente.
Estos movimientos alternados se dan en las paredes
musculares de aurículas y ventrículos.
El ciclo completo -que dura aproximadamente 0.8
segundos- se puede dividir en tres períodos. El primero,
donde se contraen las aurículas para enviar la sangre a
los ventrículos; el segundo, en que la contracción se
produce en los ventrículos para mandar la sangre a las
arterias, y el tercero, en que tanto las aurículas como
los ventrículos se mantienen en reposo.
Bajo presión
Los nutrientes y oxígeno que traslada el sistema
circulatorio podrían perderse si la sangre no tiene la
suficiente fuerza para llevarlos a las células o, si
tiene demasiada, podría dañar a los tejidos e, incluso,
a las propias células. Esta presión de la sangre es la
presión arterial, que es la fuerza aplicada sobre
las paredes de las arterias, mantenida básicamente por
la contracción del ventrículo izquierdo, la resistencia
de las arteriolas y capilares, la
elasticidad de las paredes arteriales y el volumen y
viscosidad de la sangre.
La presión arterial es un índice de diagnóstico
importante, sobre todo de la función circulatoria. Es
por esto que cualquier trastorno que dilate o contraiga
los vasos sanguíneos, altere su elasticidad o interfiera
con la función de bombeo afecta a la presión sanguínea.
La forma de calcular la presión arterial normal en
personas sanas se basa en dos valores: el punto
máximo, en que el corazón se contrae para vaciar su
sangre en la circulación (sístole), y el punto mínimo,
en que el corazón se relaja para llenarse con la sangre
que regresa de la circulación (diástole).
La presión se mide en milímetros de mercurio y se
utiliza un instrumento denominado esfingomanómetro,
aunque también existen otros de tipo digital. En las
personas saludables la tensión varía desde 80/40 en
lactantes, 120/80 a los treinta años y hasta 140/85 a
los cuarenta años o más.
Imágenes:
Sistema
Circulatorio
Circulación Mayor y
Menor
Sistema Arterial