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Mandrakelinux 10.0 PowerPack
El salto a una versión tan redonda está respaldado por la
inclusión de la nueva familia de núcleos, así como por una
serie de mejoras en las utilidades de configuración del
sistema. Y es que el tratamiento que se le ha dado a esta
distribución GNU/Linux engloba a todo tipo de usuarios, con
la inclusión de herramientas ofimáticas, de conectividad y
de ocio. Las diferencias con respecto a ediciones anteriores
afectan más a componentes básicos (núcleo y librerías) que a
las aplicaciones más extendidas entre la gran mayoría de «linuxeros».
Las distribuciones de última hornada abanderan la nueva
familia de núcleos de sistema, que por fin ha alcanzado las
versiones estables 2.6.x que durante muchos meses estuvieron
en fase de pruebas. Las mejoras alcanzadas son muy
importantes, pero el usuario convencional no apreciará un
cambio sustancial en su forma de trabajar, ya que se han
cuidado aspectos relacionados con la arquitectura interna
del sistema. Afectan esencialmente a entornos
multiprocesador, a la gestión de los modos de energía (algo
que daba muchos problemas en los portátiles) y al soporte de
dispositivos USB 2.0, por poner tres ejemplos cercanos a
nuestros lectores. Es factible continuar instalando núcleos
2.4 para cumplir con las especificaciones impuestas por el
Linux Standards Base (LSB), pero en general apostar por los
nuevos kernels es una excelente idea. Las versiones
de los entornos de escritorio (3.2 en el caso de KDE, 2.4 en
el de GNOME) no son las más recientes (Fedora Core 2 ya
incluye la magnífica iteración 2.6 de GNOME, digna de ser
vista), pero los mecanismos de control de calidad de los
desarrolladores más reputados obligan a no contar con
ciertas ventajas en un primer momento.
Si por algo destaca Mandrake desde sus comienzos es por la
sencillez de uso que propone al usuario. La migración desde
sistemas Windows es si cabe más transparente en este caso,
ya que tanto KDE como GNOME se han pulido para que su forma
de presentar menús, opciones y comportamiento de elementos
gráficos se asemeje a la interfaz de los de Redmond. Para la
configuración del sistema disponemos del un módulo
principal, DrakConf, ya conocido entre los usuarios de
Linux, que actúa de forma similar a YaST 2. Su estructura
modular permite hacer uso de distintas utilidades para poner
a punto cualquier parámetro, desde la configuración de la
red hasta la puesta en marcha de impresoras.
La oferta software de la versión analizada (PowerPack)
incluye 8 CD, pero no un DVD, algo que sí se obtiene con la
versión inmediatamente superior. Para administrar tal
cantidad de paquetes disponemos de URPMI, la utilidad que
intenta hacer competencia al alabado apt-get de Debian y que
resuelve este apartado realmente bien, aunque ninguna de las
herramientas de este estilo llega aún a la altura del gestor
de la distribución geek por definición, Debian.
Como en el caso de otras soluciones, la elección de paquetes
durante la instalación marca el uso que le daremos al
sistema, y aunque luego podremos actualizar dicha selección
desde el CD o mediante la actualización en línea (una
característica cada vez más versátil gracias al éxito de la
banda ancha), de serie contaremos con todo tipo de
utilidades.
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