|
¿Cómo se forma la Aurora Boreal?
Los pueblos que presenciaban el fenómeno tenían sus propias
interpretaciones y le daban, según las épocas, determinados
significados. La Edad Media, pródiga en luchas y batallas,
suministró varias pinturas de este tipo, en las que la
interpretación giraba en torno a grandes batallas en el
cielo, ejércitos en lucha y tropas a caballo. Miedo y
terror, anuncios de grandes catástrofes, aparecían ligados
en esas épocas a los fenómenos aurorales.
Los esquimales, los indios atabascos, los lapones, los
habitantes de Groenlandia, e incluso las tribus del noreste
de la India estaban familiarizados con esta luz misteriosa
del cielo. Sus leyendas toman muchas formas y a menudo
estaban asociadas con sus ideas de la vida en el otro mundo.
Cuenta una leyenda esquimal: "Los límites de la tierra y el
mar son bordeados por un inmenso abismo, sobre él aparece un
sendero estrecho y peligroso que conduce a las regiones
celestiales. El cielo es una gran bóveda de material duro,
arqueado sobre la tierra. Hay un agujero en él a través del
que los espíritus pasan a los verdaderos cielos. Sólo los
espíritus de aquellos que tienen una muerte voluntaria o
violenta y el cuervo, han recorrido este sendero. Los
espíritus que viven allí encienden antorchas para quitar los
pasos de las nuevas llegadas. Esta es la luz de la aurora.
Se pueden ver allí festejando y jugando a la pelota con un
cráneo de morsa.
El sonido silbante y chasqueante que acompaña, a veces, a la
aurora son las voces de esos espíritus intentando
comunicarse con las gentes de la tierra. Se les debería
contestar siempre con voz susurrante. A los espíritus
celestiales se les llama "selaimut", "sky-wellers",
moradores del cielo".
Historia
La aurora ha sido y es, para muchos, uno de esos fenómenos
que, por su esplendor e infrecuencia, reviste un cierto
carácter mítico y misterioso. Por ello no ha pasado
desapercibido para los pensadores y hombres de la ciencia.
Anaxágoras (500-428 a.C.) propuso una explicación a este
fenómeno en términos de un vapor de fuego que se vertía
desde las capas más altas de los cielos sobre las nubes;
Anaxímenes (570-526 a.C.) atribuía el fenómeno a un gas que
se almacenaba en las nubes y que se iba mezclando como en
una caldera, dando lugar a un aumento de brillo;
Aristóteles, Séneca y el historiador oficial romano Plinio
tampoco pasaron por alto la aurora y trataron de explicar el
fenómeno.
La realidad era que la aurora (Luces del Norte) aparecía en
el cielo como persona non grata, sin respeto a las leyes
mecánicas de la naturaleza de aquellas épocas. Los
habitantes de las zonas en las que es más visible la aurora
no han dejado de reflejar en sus símbolos y dibujos este
fenómeno, bien fuesen los indios de Canadá, o los esquimales
del norte.
La época de la Ilustración fue especialmente fructífera en
la observación del fenómeno y en la elaboración de teorías
cercanas a la actual, pero sólo a partir del descubrimiento
del electromagnetismo y la espectroscopia en el siglo XIX,
se pudo avanzar en la solución del problema del origen de
estas luces misteriosas.
El desafío científico en nuestros días, era de la tecnología
espacial, cobra nuevo carácter, no ya sólo desde el
perfeccionamiento de la teoría electromagnética que explica
el fenómeno en función del viento solar, sino desde el
especial interés que el problema energético tiene en la
actualidad y la posibilidad de estudiar al natural el
comportamiento de la materia en forma de plasma (estado de
la materia donde los átomos se ionizan y se crea el estado
de plasma formado por cationes y electrones), aspecto
íntimamente ligado con la consecución controlada de la
energía de fusión. En el terreno de las comunicaciones, el
fenómeno de la aurora ha producido ya sorprendentes sucesos
como el ocurrido el 2 de septiembre de 1987, cuando durante
dos horas fue posible enviar mensajes de Boston a Portland y
viceversa sin fuente de energía auxiliar, sólo con la
corriente eléctrica generada por la aurora. Pero también ha
sido la causa de graves incidentes, como la interrupción de
comunicaciones en aeronaves o la pérdida de control sobre
algún cohete espacial.
El interés científico y tecnológico del fenómeno aurora, es
por tanto, relevante. Sus aspectos históricos y legendarios
son apasionantes y su estética es indescriptible.
Aurora.
Una aurora boreal comienza con un brillo fosforescente en el
horizonte. Este brillo disminuye, pero vuelve a
intensificarse. Es entonces cuando aparece un arco
iluminado, que a veces se cierra en forma de círculo (corona
boreal) muy brillante, con centro en el meridiano magnético;
que se eleva en el cielo. A continuación, nuevos arcos
iluminados aparecen y siguen al primero. Pequeñas ondas y
rizos se mueven a todo lo largo de estos arcos.
En cuestión de unos pocos minutos, un cambio dramático se
observa en el cielo. Un bombardeo de partículas golpea a la
atmósfera superior, fenómeno que recibe el nombre de
subtormenta auroral (en Inglés, auroral sub-storm.) Rayos de
luz caen del espacio, formando cortinas que se expanden en
el cielo, cuyos bordes superior e inferior están coloreados
de violeta y rojo. Sus colores también pueden mezclarse, o
entretejerse unos con otros.
Las cortinas desaparecen y vuelven a formarse a partir de
nuevos rayos de luz. Un observador puede mirar directamente
sobre su cabeza y observar entonces rayos dirigiéndose en
todas direcciones, formando lo que se llama corona auroral.
Luego de 10 o 20 minutos, el bombardeo termina y la
actividad decrece. Las bandas de luz dejan de propagarse y
se desintegran en una luz difusa que se extiende por todo el
cielo.
Las que se presentan en las inmediaciones del Círculo Polar
Ártico se llaman auroras boreales, y las del Antártico,
auroras australes. Las auroras son más frecuentes en
primavera y en otoño.
Causas de la aurora.
La actividad solar produce partículas que son lanzadas al
espacio, emite grandes cantidades de rayos X, ultravioletas
y radiación visible, así como corrientes de protones y
electrones de alta energía. La radiación X y ultravioleta
puede llegar a la Tierra e incrementar la ionización de las
capas más altas de la atmósfera terrestre, pero la mayoría
de las partículas emitidas tienen velocidades bajas y llegan
a la Tierra en horas, e incluso días, más tarde de la
producción en forma de ráfagas de viento solar. Las manchas
solares, cuyos máximos períodos de actividad se repiten cada
once años, hacen que la cantidad de viento solar producido
varíe su magnitud y su composición.
Los estudios realizados indican que el brillo auroral se
desencadena cuando el viento solar, que recorre todo el
Sistema Solar, se ve reforzado por partículas subátomicas de
alta energía procedentes de las manchas solares. Los
electrones y protones penetran en la magnetosfera terrestre
(región del espacio donde queda confinado el campo magnético
terrestre y que actúa como escudo protector ante buena parte
de las partículas cargadas de la radiación cósmica. Su
límite exterior recibe el nombre de magnetopausa.) y entran
en la zona inferior de los cinturones de radiación de Van
Allen, sobrecargándolos. Esas partículas, protones y
electrones colisionan con las moléculas de gas de la
atmósfera, excitándolas y produciendo luminiscencia.
Vamos a ver que es un cinturón de Van Allen
Los cinturones de radiación de Van Allen son áreas de la
alta atmósfera que rodean la Tierra (y análogamente otros
planetas como Júpiter y Saturno) por encima de la ionosfera,
a una altura de 3.000 y de 22.000 km. respectivamente. Se
sitúan sobre la zona ecuatorial y la más externa se
prolongan prácticamente hasta la magnetopausa, límite entre
el espacio terrestre y el espacio interplanetario. Su
delimitación no está aún completamente confirmada, ya que la
actividad solar y el magnetismo generan oscilaciones en sus
límites, que actualmente se denominan zonas de radiación.
El origen se debe a un fenómeno que se produce cuando las
partículas atómicas (en su mayor parte protones y
electrones) emitidas desde la corona solar, o viento solar
son arrastradas con un trayecto helicoidal alrededor de las
líneas de fuerza del campo magnético terrestre, entre los
polos norte y sur. La mayor parte de las partículas de alta
energía (protones) se encuentran en el cinturón interior,
mientras que los electrones suelen concentrarse en el
externo.
La intensidad de radiación presente en los cinturones de Van
Allen produce un elevado deterioro de los circuitos
electrónicos y paneles solares de las naves espaciales,
mientras que el efecto de una exposición sobre los seres
vivos resulta extremadamente dañino. Por esta, razón las
misiones espaciales requieren tanto de una protección eficaz
ante el poder penetrativo que representa el bombardeo de
partículas subatómicas, como de una perfecta planificación
en la que se reduce al mínimo la exposición de los
astronautas frente a dichas radiaciones.
La aurora adopta una inmensa variedad de formas: el arco
auroral, un arco luminoso que cruza el meridiano magnético;
la banda auroral, que suele ser más ancha y mucho más
irregular que el arco; los filamentos y luces ondulantes
perpendiculares al arco o a la banda; la corona, un círculo
luminoso cercano al cenit; las nubes aurorales, masas
nebulosas difusas que pueden aparecer en cualquier parte del
cielo; el brillo auroral, un fenómeno luminoso situado a
gran altura sobre el horizonte, con filamentos que convergen
hacia el cenit; cortinas, abanicos, llamas o luces
ondulantes de distintas formas.
También se han observado auroras en las atmósferas de otros
planetas, en particular de Júpiter.
Hay una zona circular sobre la región polar en la que los
electrones procedentes del Sol inciden uniformemente y al
alcanzar los gases atmosféricos se produce una emisión
espectral que da lugar al fenómeno luminoso de la aurora a
alturas comprendidas entre los cien y cuatrocientos
kilómetros. Esta zona donde se forman las auroras se llama
óvalo auroral.
La emisión de luz corresponde al espectro del oxígeno en su
color verdoso (5.577 Å) y al del nitrógeno en su color
violeta (3.914 Å). Pero en las capas altas de la atmósfera,
y en determinadas condiciones, existe oxígeno atómico que
produce una emisión de luz roja (6.300 Å) que, a su vez,
produce ese gran enrojecimiento del cielo que aparece sobre
todo en las auroras más ecuatoriales (como puede verse más
adelante en la aurora vista desde Figueres) cuando, por
efecto de las tormentas magnéticas, se produce un
desplazamiento hacia el sur del óvalo auroral. En estos
casos se piensa que el plasma es expulsado del Sol a
velocidades de 500-1.000 km/s, frente a los 300 km/s con que
sale normalmente. Debido a ello, se ha sugerido que los
electrones alcanzan en la ionosfera temperaturas de 20.000 K
durante las tormentas magnéticas, lo que suministra la
energía suficiente para la excitación del oxígeno atómico y
la emisión de la banda roja a 6.300 Å, lo que requiere una
energía de 2 eV.
Al igual que el viento solar es variable, las formas,
frecuencias e intensidades de la aurora también lo serán en
un período del once años.
La consideración física más aceptada para comprender el
fenómeno de la aurora está referida a la creación de una
dinamo magnetosférica entre el Sol y la Tierra, teniendo en
cuenta que ésta junto, con su campo magnético, está
sumergida en una cavidad por donde circula una corriente de
plasma que mana del Sol. El proceso que se produce es el de
una gran dinamo, cuya potencia (P = F x V) puede estimarse
en 1012 watios, siendo F la fuerza de Lorentz (
) y V la velocidad de la luz( 300.000 km/s). El voltaje
generado se estima en 50 kV (Kilovoltios) y la intensidad de
corriente del orden de 106-107 Amperios.
Desde 1970, satélites de órbita polar han podido observar
con mayor exactitud aún la estructura de las auroras así
como la precipitación de partículas energéticas en zona
auroral; se ha logrado levar a cabo auroras artificiales
mediante la inyección de electrones desde cohetes
(experimentos Araks).
Fuente
LO ÚLTIMO
en tu Correo.
Suscríbete Gratis a NUESTRO BOLETÍN !!
Te Agradeceríamos nos informes si encuentras un
ENLACE
ROTO
|