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Occidente no supo erradicar el racismo
“Hoy se condena el racismo, aunque de manera muy hipócrita”,
dice Viviane Forrester, casi indignada. “El racismo, aun el
más incipiente, es grave. Si se insulta a alguien por su
pertenencia a un grupo se abre la puerta a todos los
genocidios”, agrega.
La autora del best-seller “El horror económico” cambió de
combate pero no de tono. Al igual que en 1996, cuando
criticó “el divorcio del sistema con la gente” y pronosticó
que el mundo se dirigía hacia un régimen totalitario, la
ensayista subraya ahora en “El crimen occidental”
–recientemente publicado– la hipocresía ante el genocidio
ocurrido en la Segunda Guerra Mundial.
A los 79 años, Forrester continúa su lucha, a menudo
incomprendida. Como ocurrió en los años 90, la autora vuelve
a ser criticada, en esta ocasión, por diferentes
asociaciones judías.
“En Occidente se creó un sentimiento de culpabilidad ante el
horror del exterminio, pero fue acompañado por el deseo de
dejarlo atrás. Finalmente, el antisemitismo no fue
erradicado”, se lamenta la escritora y crítica literaria.
Hija de Edgar Dreyfus, banquero que tuvo actividad en la
Argentina, Forrester conoció la persecución y la humillación
que se impuso a una parte de la población europea en los
años 40. Apenas comenzada la guerra, su familia abandonó
París para buscar refugio en el sur de Francia.
En su casa de la céntrica Rue du Bac, Forrester recibe al
periodista con café y bizcochitos en una tarde fría del
invierno parisiense. Delicada, señorial, su actitud revela
una educación de otro tiempo.
-En su último libro dice que no se ganó por completo la
Segunda Guerra Mundial...
-La Segunda Guerra Mundial fue una guerra heroica y
victoriosa para los aliados, pero al fin y al cabo fue una
guerra clásica contra la Alemania expansionista. De hecho,
se tomaron su tiempo para hacerla, ya que podría haberse
evitado mucho antes, pero dejaron que Hitler invadiera
varios países antes de actuar. Sin embargo, la guerra contra
la ideología nazi y el antisemitismo nazi no existió. Hubo
un consentimiento subterráneo de los diferentes países
implicados antes, durante y después de la guerra, y una vez
terminada algo quedó sin resolver.
-¿Cómo explica que no se haya librado esa batalla final?
-En Occidente se instaló un sentimiento de culpa frente al
horror del exterminio, pero estuvo acompañado por el deseo
de dejar atrás ese período, rechazando lo que había pasado.
Finalmente, la culpabilidad y el sentimiento antisemita no
fueron erradicados. La enormidad de lo que pasó en los
campos de exterminio nazis en toda Europa hizo que, en
comparación, el antisemitismo común pareciera inocente. Se
creyó posible solucionar lo que se llamó la "cuestión
judía", aunque aborrezco que se la llame así, porque, al fin
y al cabo, no era una cuestión judía, sino, más bien, una
cuestión europea.
-¿Occidente intentó desligarse de su responsabilidad?
-La palabra Shoah es muy linda, pero llamar al horror nazi
con un nombre hebreo hace que ese horror sea únicamente
judío: un destino judío, una historia judía. De esta manera,
se transfiere la historia a Medio Oriente... Insisto: no era
una historia judía, sino occidental. Repito que todo
transcurrió en Europa occidental. Fue una cuestión europea:
los judíos eran ciudadanos de los diferentes países
europeos. No se detuvo, no se fusiló ni se sometió al gas a
judíos, sino a franceses, belgas, alemanes...
-¿Occidente se equivocó al creer que todo se había
solucionado?
-No quiero decir que se quisieron deshacer de los judíos
enviándolos fuera de Europa, sino que intentaron deshacerse
de este asunto, concluirlo, sin jamás lograrlo. No estoy de
acuerdo con los sionistas que quisieron volver a su tierra
ancestral, pero lo hicieron siguiendo una causa. Pero en
aquel entonces los judíos necesitaban un refugio, y entonces
se les dio Israel.
-Se les dio un refugio...
-Que después de la guerra los judíos hayan necesitado un
refugio o se les haya querido dar uno es aberrante.
Eticamente, no puede aceptarse. Lo que digo es un tabú, pero
no debería serlo. Occidente está muy cómodo con la idea de
que se creó un refugio para los judíos, pero sea uno
palestino o israelí no se habla de manera racional de estos
problemas. Se dijeron que concluiría el problema en Medio
Oriente, pero en el fondo importaba poco o nada lo que
pasaría allí. Si se enfrentaban judíos y palestinos, ya no
sería responsabilidad de Occidente. De esta manera,
Occidente se quiso deshacer de esta culpabilidad y
responsabilidad, e incluso de la responsabilidad actual: se
pelean entre ellos; que se las arreglen entre ellos... A más
de medio siglo de la creación del Estado de Israel y de la
supuesta creación del Estado palestino, no se debería
comprender la situación como la simple continuación de la
historia. Al principio era confuso, pero hoy los judíos y
los palestinos están trágicamente unidos.
-A menudo se registran en Francia ataques antisemitas. ¿Cree
que resurge cierto tipo de racismo?
-Hay racismo, y hace mucho que permitimos esto. No es como
durante la guerra. No tiene nada que ver. Hay antisemitas en
Francia. Siempre los hubo. Hay antisemitismo en los partidos
de extrema derecha, pero también en esas poblaciones
desheredadas que siempre fueron maltratadas en este país.
-Esas "poblaciones desheredadas" que se agrupan según sus
credos -musulmán, judío o católico- sienten que pertenecen a
un grupo, a una comunidad. ¿Es esto negativo?
-Los jóvenes tienen mucha energía, pero no se encauza en un
movimiento político. Entonces se crean los comunitarismos.
Insidiosamente, hay un regreso de lo religioso y de los
comunitarismos. Hace diez años poco importaba si uno era
bretón o corso. Ya no es el caso hoy, y es lo peor que puede
pasar. No hay más política, hay comunitarismos.
-Sus dos libros, "El crimen occidental" y "El horror
económico", terminan con la palabra respeto...
-La democracia es el respeto.
-Desde que publicó "El horror económico", en 1996, ¿siente
que hubo algún cambio?
-En los últimos nueve años hubo cambios, y poco a poco la
gente se dio cuenta de que tenía razón en estar indignada.
Es curioso que en nuestra época se piense que los logros que
tuvimos durante el siglo XX son arcaicos y que se considere
moderno el regreso a la organización de la sociedad que
existía en el siglo XIX. Evidentemente, si se considera que
la organización de ese siglo era mejor, estamos en el buen
camino... Lamentablemente, este pensamiento se instaló con
mucha arrogancia.
-¿Sigue creyendo que es imposible oponerse a la
globalización?
-Habría que dejar de utilizar la palabra globalización, que
no quiere decir nada. Estamos frente a un fenómeno
monstruoso. La globalización es algo gigantesco, enorme, que
no se sabe de dónde sale. No tiene forma ni ideas políticas
y no quiere decir nada. Frente a este fenómeno uno se siente
muy pequeñito, como país o grupo, y como esto no tiene
sentido, no se puede darle un sentido a la réplica. Luchar
contra la globalización es totalmente cretino, porque
estaríamos luchando contra algo que no existe y que al mismo
tiempo deja que todo siga existiendo sin que se sepa qué es
lo que es. Vivimos en una dictadura muy peligrosa, porque no
se ve...
-¿Y cómo es esta dictadura?
-Es más que una dictadura del pensamiento. Cuando en Francia
se discuten problemas económicos, infinidad de soluciones
presentadas no pueden llevarse a la práctica porque la Unión
Europea no lo permite. Esto es una dictadura, ya que hay
sólo una cosa que se puede hacer... No se puede vivir
económicamente haciendo sólo una cosa, yendo en una única
dirección. Esta es una extraña dictadura. Quizá la quieran
llamar globalización, pero no lo es: es una política que
destruye la economía en todos lados y cuyas fuerzas son
invisibles.
Por Patricio Arana
Para LA NACION
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