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Quien tenga la información, Manejará el
Mundo
El mundo de Internet, tal y como están
yendo las cosas, pertenecerá a Google. El 'mucho más que un
buscador' está decidido a colocarse en pleno centro de la
Red, como demuestra su última, original y desmedidamente
ambiciosa apuesta:
Google Accelerator. Si les sale bien, si una parte
significativa de los internautas lo adopta y/o los
navegadores lo incluyen, la Red habrá cambiado para siempre.
Y Google será su corazón.
Cuando usted 'pincha' un enlace en Internet, está enviando
un pequeño mensaje a un ordenador remoto. Su petición
recorre incontables kilómetros de cables y rebota en decenas
de ordenadores antes de llegar a su destino: el servidor de
la página web, que lo recibe y contesta. La respuesta de ese
servidor, en sí misma un mensaje, recorre de nuevo
incontables kilómetros de cables y rebota en decenas de
ordenadores antes de llegar al de usted, donde se transforma
en la página web que desea ver. Este proceso dura muy poco,
normalmente microsegundos, y debido a que los cables y los
ordenadores de enmedio son de muy diversas empresas e
instituciones, no está controlado por nadie.
Google quiere cambiar todo eso. Su nuevo producto,
actualmente en beta (y no disponible en este momento) Google
Accelerator es el más radical proyecto de remodelación de la
web de la historia. Siguiendo su estrategia de convertir la
Red en un megaordenador gestionado por ellos (el 'Googleputer'),
Google ofrece un pacto faustiano: navegar más deprisa,
especialmente desde una conexión de banda ancha, a cambio de
cederles el control real de la Red.
Accelerator simplemente reenvía todas sus peticiones a
través de los ordenadores de Google. Cuando usted pincha un
enlace, la petición va a Google, que la responde como cree
conveniente desde el punto de vista de la máxima eficiencia:
sirviendo una página previamente almacenada en sus máquinas,
comprimiendo la información, 'prealmacenando' páginas en su
propio ordenador de usted...
Desde su lanzamiento la semana pasada ha habido muchas
críticas a Accelerator. Que si es
una amenaza a la privacidad; que si puede
provocar problemas de identificación en foros; que si
destroza servicios basados en aplicaciones web. En la
parte positiva no sólo acelera las descargas, sino que puede
servir para
hacer más sencillo saltarse la censura que imponen
algunos países.
Pero todo eso es una minucia en comparación con el
verdadero significado de la idea, que es de una ambición
rayana en el 'hubris' griego: una radical reorganización de
la Red.
Si el uso de Accelerator se hace común, cada vez más
tráfico de la Red no pasará por las entrañas de Internet,
sino por las máquinas de Google. Los efectos de esto son
difíciles de calibrar, pero sin duda cataclísmicos. Sobre
todo para los creadores de contenidos de Internet.
Lo de menos es que Accelerator
pueda destrozar los sistemas de medida de tráfico en los
que se basa la publicidad online. Lo de más es que puede
eliminar la Paradoja del Éxito que hasta ahora ha atenazado
a muchos medios online, según la cual a mayor número de
lectores, mayores problemas económicos. Este tóxico efecto
se debe a los costes por ancho de banda del servidor, que
crecen desproporcionadamente con el número de lectores, de
modo que en determinadas circunstancias tener éxito de
público puede suponer la ruina financiera. Su existencia ha
contribuído seriamente a la consolidación del modelo de la
prensa tradicional, ya que sólo empresas con serio respaldo
económico han sido capaces de obviar este efecto, obteniendo
ventaja, por tanto.
Si Accelerator tiene el éxito de otros productos de
Google, y especialmente si es incorporado en los
navegadores, ya no habrá diferencias entre tener 2 lectores
o tener 2.000.000; desde el punto de vista técnico tan sólo
habrá un visitante importante, que será la 'araña robot' de
Google. Ellos se encargarán de los picos de tráfico; ellos
tendrán en cuenta las diferencias por días de la semana o
por horas del día. Obtener un repentino y desmesurado éxito,
como que te enlace Slashdot o Barrapunto, dejará de ser un
problema potencialmente catastrófico. Los pequeños serán
bastante más parecidos a los grandes. Igualmente, los
ordenadores domésticos no necesitarán ni tanta potencia ni
tan potente conexión. La inteligencia de la red se
desplazará hacia el centro, hacia Google.
En este contexto tiene sentido su
misteriosa apuesta de hace unos eses por la fibra oscura,
e incluso que fomente la calidad del contenido
introduciendo la fiabilidad de la información como parámetro
en sus algoritmos. La idea no es más que la extensión
lógica del 'Googleputer': la red como un enorme ordenador
alimentado por, y que alimenta a, los extremos. Los
ordenadores serán más baratos, las conexiones más ágiles,
habrá más fuentes de información y todas serán más iguales.
El único paso que falta es el disco duro remoto, y el 'Googleputer'
será una realidad.
Cuando lo sea, el poder de Google en la Red dejará al de
Microsoft en mantillas.
Hasta ahora Google ha usado con sabiduría su creciente
poder.
Su filosofía está eminentemente adaptada al futuro
inmediato, mucho más que la de cualquier empresa existente
hoy. Hay
pocas razones para dudar de su compromiso con la
comunidad de Internet, de su voluntad de hacer las cosas
bien.
Las concentraciones de poder, a lo largo de la historia,
han demostrado ser muy tentadoras. El futuro que nos ofrece
Google es atractivo, tiene muchas ventajas, es bueno para
todos. También tiene una característica importante, que
harán bien en recordar en el GooglePlex: permite
alternativas. Que la infraestructura de Google esté en el
centro de la Red no es necesariamente malo. A pesar de lo
cual conviene disponer de vías de escape, por si acaso.
Fuente
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