Los phishers, que son artistas que
han adoptado técnicas de fraude
denominadas de "ingeniería social" para
apropiarse de las contraseñas ajenas,
han obligado a la banca online a aplicar
nuevas medidas de seguridad. En España,
por ejemplo, el phishing es una
auténtica plaga. Con PayPal el fenómeno
es también una constante.
Los criminales envían emails que tienen
una apariencia muy similar, casi
idéntica, al que envían los bancos e
intermediarios financieros; en esos
mensajes instan a ir determinadas
páginas web, también fraudulentas, donde
introducen sus password.
Antes de 2006, los bancos
estadounidenses deberán aplicar nuevas
medidas, que resulten user-friendy si no
quieren ahuyentar clientes. Por ejemplo:
si uno se conecta a extrañas horas, o lo
hace desde países extranjeros, o utiliza
una línea de alta velocidad cuando
siempre ha empleado una conexión
telefónica, saltará una especie de
alarma y el banco formulará preguntas,
como la cantidad última de la hipoteca o
en que calle creció.
Algunas entidades de fuera de EE.UU.
utilizan ya una especie de "smart card",
o tarjeta inteligente, que muestran
contraseñas adicionales.



