Ante los males de amor se pueden hacer
varias cosas: llorar, sufrir, suspirar… o
consultar con un brujo. Es verdad que el
asunto no es tan lineal (ni los brujos lo
son tanto), pero en gran parte —y en muchos
casos, en la mayor de las partes— las
consultas con expertos de las “ciencias
simbólicas” tienen como objetivo resolver o
vislumbrar el futuro amoroso inmediato.
Dejando de lado a los que viven lisa y
llanamente de los corazones solitarios y
hasta prometen efectividad garantizada para
“enganchar” al candidato en cuestión (es
decir, dejando de lado a los que el
imaginario popular denomina “chantas”), los
que se dedican al estudio de las simbologías
que, de una u otra manera, pronostican o
anticipan el porvenir, son consultados
mayormente por quienes sufren de soledades
varias.
“Las consultas que a mí me llegan están en
un 90 por ciento vinculadas a temas de
pareja”, anticipa Pablo Lombardo, astrólogo
de
12 Corazones, el programa que todas las
tardes en Canal 13 se encarga de formar
parejas astrológicamente compatibles.
Sin embargo, esas consultas están
atravesadas por el amor del nuevo milenio,
fuertemente marcado por la seguridad y un
poquito alejado del lirismo romántico y del
contigo pan y cebolla. “Puntualmente el tema
por el que más se pregunta es por la
compatibilidad. Hay una necesidad de
encontrar respuestas, de asegurarse de que
con esa persona hay futuro. Por eso quieren
saber si va a funcionar, si tienen que ver
con el otro. Entre tanta frustración, se
complica confiar en un proyecto en común. La
utopía de la entrega sin condiciones está
deteriorada”, sostiene el astrólogo.
La mayoría de las que recurren a los
“adivinadores” son mujeres. Sobre todo las
que tienen entre 30 y 40 años. Lombardo
considera que eso se debe a que “la familia
sufrió muchas variaciones” y a que esa edad
es una etapa “muy álgida, en la que hay
gente separada, o a punto, o con años de
matrimonio e hijos chicos”.
Por su parte, Ani Zetina, tarotista y
profesora de tarot y mitología del
Proyecto Trenkehué, ratifica la
preponderancia de mujeres entre las que
recurren a sus servicios (en un 80/20 en
relación a los hombres) y considera que esto
se debe a que “hay un mundo afectivo más
complejo” en ese género. “Además, las
mujeres enuncian esas problemáticas en
palabras más fácilmente y en una consulta
uno se expone mucho. Es posible que muchos
hombres no le den tanto espacio a esa
exposición”, cuenta.
Al mismo tiempo, explica que cada tarotista
va construyendo una suerte de
especialización. Es decir que algunos
reciben más consultas sobre salud, otros
sobre trabajo… y otros sobre amor. “No es
que el amor sea siempre el primer motivo de
consulta. Hay muchas urgencias cotidianas
que a veces hacen que la pareja no esté en
primerísimo lugar, aunque quizá sí lo estaba
en épocas menos turbulentas. Sin embargo sí
son prioritarias las consultas por
relaciones afectivas en todos los niveles:
problemas de familia, cómo compatibilizar
con los hijos de la pareja, etc.”, resume
Zetina.
Lo cierto es que por pareja, por falta de
ella, por familia desmembrada o por pelea de
hermanos, cuando el corazón se apena la
psicología, las terapias alternativas y los
antidepresivos, no son caminos a seguir,
para algunos. Que aunque los tiempos que
corren no dejen lugar a los sentimientos,
cuando el mal de amores acecha sólo se
quiere volver a creer. Que pese al nuevo
milenio y a la economía del mercado, cuando
el presente no responde sólo queda apostar
al futuro. Y que (¿quizá porque andamos
acelerados?) si ese futuro va a ser bueno,
mejor saberlo de antemano.