Hace poco hubo un fallo judicial sobre un caso de despido
por el uso del chat. Muchas compañías han cerrado el acceso
a los servicios de mensajería instantánea. Sin embargo, el
uso del chat también sirve para eficientizar el trabajo. por
Ignacio Pan
Creo que como muchos, empecé a “hablar” por Internet con el
ICQ (comentario al margen, ¡Felices 10 años!). Era fabuloso:
podías encontrar amigos de hace años, conocer gente nueva
y... hablar con la gente del trabajo.
Recuerden que en esos tiempos no todas las oficinas tenían
conexión a Internet, con lo que hablar con los amigos
quedaba reservado a pocos suertudos.
Pero las cosas cambiaron. Internet se masificó y surgieron
más posibilidades de comunicarse: Yahoo!, Hotmail, AOL y
desde hace poco Google crearon sus mensajeros instantáneos.
Hoy ya no deben existir muchos grupos de amigos o trabajo
sin posibilidad de conectarse a Internet, creando un
verdadero problema a las empresas. El Messenger puede ser
una aliado importante en la oficina: facilita la
comunicación interna, el intercambio de documentos... acerca
a todos los empleados y en algunos casos a las empresas con
los proveedores y clientes. Entonces no sólo mejora la
productividad al permitir ahorrar tiempo, sino que brinda
además un cierto recorte de gastos, en la cuenta de
teléfono, por ejemplo.
Pero obviamente no siempre se le da ese y otros usos útiles.
Podría decirse que un grupo de personas conectadas al
Messenger es como una clase del secundario: siempre hay uno
con mucho tiempo para hablar o andar buscando cosas
divertidas en la red y compartirlas con el resto.
Por eso cada día más empresas prohíben a los servicios de
mensajería instantánea. Algunas tratan de brindar una
solución, como un Messenger interno. Pero me animo a decir
que la mayoría simplemente termina decapitándolo.
Si bien hay alternativas para esquivar esa decisión (no crea
que su jefe desconoce que usted sigue usando el servicio),
el debate sigue siendo el mismo que hace tiempo: ¿hasta qué
punto puede considerarse abusivo el uso del Messenger?
Vale la pena recordar el fallo de la Justicia argentina que
estableció que el uso de mensajeros instantáneos en horario
de trabajo no es causal de despido siempre y cuándo no sea
excesivo.
Estoy convencido de que el uso del Messenger ayuda a
trabajar de manera más eficiente, aunque esto no siempre es
posible. Fíjense: por más que aparezcamos como “no
disponible” o “ausente” siempre hay alguien que nos habla
igual... ¡y encima contestamos!
¿Te parece que prohibir el Messenger en la oficina es la
mejor salida? ¿No sería mejor que los usuarios mismos se
pusieran límites? ¿Será posible esto último o es sólo una
utopía?
Fuente
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