Los túneles de protones que existen en laboratorios de EEUU
y Europa podrían probar en un par de años la antigravedad,
asegura Franklin Felber. Este científico afirma haber
resuelto la ecuación de campo gravitatoria formulada por
Albert Einstein.
"Mi fórmula es la primera solución en lo que se refiere al
movimiento de una masa a la velocidad de la luz", declara
desde Albuquerque (Nuevo México).
El físico, con más de 30 años de carrera científica en las
Fuerzas Armadas de EEUU, presenta hoy su "solución puramente
matemática, que no se ha probado en laboratorio" ante el
Foro de Tecnología Espacial y Aplicaciones, al que asisten
más de 1.500 expertos.
"Cuando una masa viaja a velocidades superiores al 57,7% de
la velocidad de la luz, el campo gravitatorio en su senda
cambia y en vez de atraer objetos, los repele", explicó.
"Hay un cono de antigravedad hacia adelante del objeto en
movimiento, y otro más débil hacia atrás".
"Esa fuerza repulsiva se torna extraordinariamente fuerte a
medida que la masa que la produce se aproxima a la velocidad
de la luz", añadió.
Viajes espaciales con tripulantes
Felber apuntó su presentación a la posibilidad de aprovechar
ese empujón de antigravedad para los viajes de naves
espaciales, con tripulantes, a través de grandes distancias
del espacio y a la velocidad de la luz.
"Con los medios convencionales, la cantidad de energía que
se necesita para mover a una nave espacial a una décima de
la velocidad de la luz equivale a 30.000 millones de
toneladas de dinamita, o dos millones de bombas atómicas
similares a la que se hizo estallar (en 1945) sobre
Hiroshima", explicó.
La aceleración tiene otros problemas: "El equipo puede
romperse, y la presión puede convertir en fluido lo que se
acelera, incluido el acero, que se torna líquido si se le
acelera demasiado".
Pero el impulso recibido del supuesto cono de antigravedad
de un objeto espacial que viaje a gran velocidad resolvería
estos problemas, según Felber.
"La nave espacial llegaría hasta un punto en la trayectoria
del objeto acelerado", dijo. "Cuando el cono de antigravedad
se aproximara, empujaría a la nave en la dirección que se
haya planificado, y la nave ya no necesitaría más empujones
ni más propulsión".
No obstante, admitió, "actualmente no conocemos un objeto
espacial que tenga estas características de gran masa y
desplazamiento a velocidades que superen el 57,7% de la
velocidad de la luz".
La agencia espacial estadounidense NASA completó en octubre
la misión de su Sonda de Gravedad B, un proyecto que se
había propuesto en 1962 y se concretó con el lanzamiento del
aparato en abril de 2004.
La teoría de Einstein
Los científicos analizan ahora la información recogida por
la Sonda B, una misión que, con un costo total de más de mil
millones de dólares, procuró esbozar la curvatura del
espacio en la vecindad de la Tierra, y la medición del grado
en el cual la rotación de nuestro planeta arrastraba a ese
satélite.
Ambos fenómenos fueron previstos por la Teoría General de la
Relatividad formulada por Einstein.
"Pero la fuerza de gravedad de la Tierra es muy poca, y la
rotación es muy lenta", dijo Felber. "Por mucho menos que el
costo de la Sonda B, se podría tener una prueba más seria y
detallada de la teoría de la gravedad".
"Esto puede hacerse en los túneles (anillos) de
almacenamiento de protones que existen en Estados Unidos y
en Europa, lo cual quiere decir que nadie tendría el
monopolio de la demostración de la antigravedad en un par de
años. Los protones viajan a velocidades cercanas a la de la
luz", afirmó.
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