Cuatro enormes jets de la ahora difunta Paradise Air, que
solía transportar centenares de pasajeros por día a Bali,
están abandonados en un extremo del aeropuerto
internacional.
Sólo un puñado de bañistas europeos acuden a las playas en
la que debería ser la temporada más activa del año, y
restaurantes que solían requerir reservaciones con semanas
de anticipación están ávidos de conseguir clientes.
Aunque se anticipa que los viajeros volverán paulatinamente,
la depresión económica que afectó este tradicional centro de
turismo en Indonesia después de una segunda serie de ataques
terroristas hace pocos meses ha sumido en preocupación a los
comerciantes.
Cansados de lidiar con las constantes calamidades, algunos
buscan un refugio más seguro para sus inversiones.
"No me siento desesperado, pero creo que es hora de
establecer una segunda presencia en otro país", dijo Chris
Salans, un chef de Washington DC que posee el restaurante
Mozaic en Ubud, capital cultural y artística de Bali.
"Sé que otros empresarios temen ahora mantener todas sus
inversiones en un mismo lugar", comentó después de los
ataques suicidas del 1 de octubre en tres atestados
restaurantes que dejaron 20 muertos.
Los ataques terroristas vinculados a al-Qaida sucedieron
cuando la isla se estaba recuperando de los ataques del 2002
a dos clubes nocturnos que dejaron un tendal de 202 muertos,
en su mayoría turistas extranjeros.
Los ingresos de Bali representan el 80% de los 5.000
millones de dólares que Indonesia gana anualmente en
turismo. La economía de la isla depende casi exclusivamente
de ese rubro.
La llegada de turistas extranjeros ha caído un 60% desde
octubre, según estadísticas del gobierno, al igual que
ocurrió hace tres años cuando varios comercios pequeños se
fundieron y los 2 millones de habitantes de la isla
padecieron un aumento en el desempleo.
Sin embargo, varios hoteles de lujo dijeron haber estado
llenos durante las vacaciones de Navidad y Año Nuevo, un
período no cubierto por las cifras más recientes de la
Agencia Central de Estadísticas.
"Ha habido muchas crisis que afectaron la confianza de los
turistas: los ataques del 2002, la amenaza del SARS
(enfermedad respiratoria) y el maremoto del año pasado que
no tuvo efecto en Bali pero que de todos modos causó muchas
cancelaciones", dijo Salans.
El número de comensales en su restaurante otrora lleno se
redujo en más de un tercio inmediatamente después de los
nuevos ataques.
"Justo antes de las bombas, el número de turistas que
llegaban por día había alcanzado los 5.000. Hoy son unos
2.100", precisó Thamrin Bachri, director general del
ministerio de turismo de Indonesia.
De todos modos, Thamrin anticipó que la cifra volverá a la
normalidad a mediados de año.
Los visitantes australianos y occidentales han representado
tradicionalmente el grueso de los visitantes, pero ahora los
hoteles reportan más comensales de China, Taiwán y Corea del
Sur, donde la gente se preocupa menos del terrorismo y
responde a las promociones.
A fines de diciembre, un influjo de rusos movilizó docenas
de vuelos contratados para las vacaciones.
La cultura singular de Bali -un arte rico e intrincado, la
religión hinduista y la pompa ceremonial- combinada con un
espectacular paisaje tropical han atraído a los turistas
desde los años 30, cuando millonarios y artistas
estadounidenses la convirtieron en un destino turístico
internacional.
Bali ofrece una notable diversidad física, desde volcanes
sobrecogedores hasta playas paradisíacas, densos bosques
tropicales y arrozales escalonados de verde esmeralda.
Para muchos visitantes extranjeros, el arte y artesanías de
los balineses constituyen la atracción principal. En una de
las mejores galerías de bellas artes de Ubud, Gajah Mas, el
personal se preocupa de la posibilidad de cerrar si no
aumenta la clientela.
"Ustedes son los únicos visitantes hoy, y nunca vendemos más
de uno o dos artículos en estos días", dijo el vendedor Putu
Sudarsana a un par de extranjeros que visitaban el edificio
de dos pisos que alberga pinturas y esculturas de talentosos
artistas locales.
En el 2002, un tercio de los trabajadores de Bali perdieron
sus empleos. Los hoteles y restaurantes estaban tan vacíos
que los propietarios aprovecharon para hacer renovaciones.
Esta vez parece haber menos despidos ante la expectativa de
que la situación mejore en el año que comienza.
Pero Kadek Wiranatha, propietario y presidente de Paradise
Air, dijo que no podía seguir operando su aerolínea debido a
una aguda disminución de pasajeros desde Australia.
Los cuatro jets Airbus 330 de la aerolínea, que solían traer
unos 20.000 visitantes por mes, sólo ocupaban un 10% de sus
asientos después de la nueva ola de ataques, dijo.
Andrew Charles, consultor británico de turismo, pronostica
que demorará casi todo el 2006 antes de que se recuperen las
tasas de ocupación hoteleras en Bali.
El Año Nuevo Lunar chino el 29 de enero podría aumentar
significativamente el número de visitantes, a menos que se
produzcan nuevos ataques, afirmó. Algunos turistas
occidentales mantienen su lealtad, pese al temor de ataques.
"Es una vergüenza que gente tan agradable tenga que sufrir a
causa de un puñado de terroristas", comentó Shane Bennett,
un ingeniero de minas de Perth, Australia, en su cuarta
visita a la isla.
"Algunos de mis compañeros sintieron que tenían que cancelar
sus planes de viajes debido a la presión de sus familiares
que temían por su seguridad", observó Shane, quien dijo
haber perdido amigos en los ataques del 2002. "Pero mi novia
yo vinimos de todos modos, y no lo lamentamos".
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