|
Científicos afirman haber encontrado un
segundo código en el ADN
Investigadores creen haber descubierto un segundo código en
el ADN además del genético.
El código genético especifica todas las proteínas que
produce una célula. El segundo código, superpuesto al
primero, establece la ubicación de los nucleosomas,
proteínas en miniatura que forman bobinas (o carretes)
alrededor de los rizos de ADN. Estas bobinas protegen y
controlan el acceso al propio ADN.
El descubrimiento, de confirmarse, podría ampliar el
conocimiento que tenemos del ordenado nivel de control de
los genes, como el proceso crítico (y aún misterioso) por el
cual cualquier tipo de célula humana tiene “permiso” para
activar los genes que necesita, pero no puede acceder a los
genes usados por otros tipos de célula.
El nuevo código es descrito en el número actual de Nature
por Eran Segal, del Instituto Weizmann en Israel, y por
Jonathan Widom, de la Universidad del Noroeste en Illinois,
junto a sus colegas.
Existen aproximadamente 30 millones de nucleosomas, en cada
célula humana. Se necesitan tantos debido a que la hebra de
ADN se enrolla alrededor de cada una sólo 1,65 veces en un
remolino que contiene 147 de sus unidades, y la molécula del
ADN en un solo cromosoma puede llegar a tener 225 millones
de unidades de longitud.
Los biólogos sospechaban desde hace años que algunas
posiciones en el ADN, notablemente aquellas que se plegaban
de forma más sencilla, podrían ser más favorables para
albergar nucleosomas que otras, pero no había un patrón
global aparente. Los doctores Segal y Widom analizaron la
secuencia en unos 200 lugares del genoma de la levadura en
los que se sabía que los nucleosomas se entrelazaban, y
descubrieron que realmente existe un patrón oculto.
Conociendo el patrón, fueron capaces de predecir la
ubicación de aproximadamente el 50 por ciento de los
nucleosomas en otros organismos.
El patrón es una combinación de secuencias que hace que el
ADN sea capaz de plegarse sobre si mismo y enrollarse muy
apretadamente alrededor de un nucleosoma. Pero el patrón
solo necesita algunas secuencias para estar presente en cada
lugar de anudamiento de un nucleosoma, de modo que no se
trata de algo obvio. La flexibilidad de sus requisitos es
presumiblemente la razón por la que no entra en conflicto
con el código genético, que también posee incorporado un
poquito de redundancia o de flexibilidad de interpretación.
Tener la secuencia de unidades en el ADN que determina el
emplazamiento de los nucleosomas podría explicar un
desconcertante rasgo de los factores de trascripción, las
proteínas que activan los genes. Los factores de
trascripción reconocen las cortas secuencias de ADN (de
aproximadamente entre seis y ocho unidades de longitud) que
se ubican justo en frente del gen que va a ser trascrito.
Pero estas breves secuencias se dan tan a menudo en el ADN
que los factores de trascripción, en apariencia, deben
atarse a menudo a los genes equivocados. El Dr. Segal, un
biólogo computacional, cree que los lugares erróneos son de
hecho inaccesibles porque se ubican en la parte del ADN
envuelta alrededor del nucleosoma. Los factores de
trascripción solo pueden ver los lugares en el ADN desnudo
que se ubica entre dos nucleosomas.
Frecuentemente, los nucleosomas se mueven por sus cercanías,
dejando que el ADN flote libre cuando un gen tiene que ser
trascrito. Dado este flujo constante, el Dr. Segal comentó
que se había sorprendido de poder predecir hasta el 50 por
ciento de las posiciones preferenciales de los nucleosomas.
Pero al haber descubierto el código, “creemos que por
primera vez tenemos un método cuantitativo de manejar” la
exploración del modo en que los nucleosomas y otras
proteínas interactúan para controlar el ADN, comentó.
El otro 50 por ciento de las posiciones podría verse
determinado por la competición entre nucleosomas y otras
proteínas, sugirió el Dr. Segal.
Varios expertos comentaron que el Nuevo resultado era
plausible porque generalizaba la persistente idea de que el
ADN es mucho más plegable en ciertas secuencias, que
deberían por ello favorecer el posicionamiento de
nucleosomas.
“Creo que es realmente interesante”, comentó Bradley
Bernstein, biólogo del Hospital General de Massachussets.
Jerry Workman del Instituto Stowes de Kansas City comentó
que la detección del código del nucleosoma era “un profundo
conocimiento en caso de ser cierto”, porque podría explicar
muchos aspectos del modo en que se controla el ADN.
El nucleosoma se compone de proteínas conocidas como
histonas, que se encuentran entre las más altamente
conservadas por la evolución, lo cual significa que han
cambiado muy poco de una especie a otra. Una histona de
guisante difiere en solo 2 de sus 102 unidades de aminoácido
respecto a la de una vaca. Normalmente se atribuía esta
conservación al preciso ajuste requerido entre las histonas
y el ADN que se arremolina a su alrededor. Pero según
sugiere el Dr. Segal, otra razón podría ser la de que
cualquier cambio podría interferir con la habilidad de los
nucleosomas para encontrar sus posiciones asignadas en el
ADN.
En el código genético, conjuntos de tres unidades de ADN
especifican varias clases de aminoácido, las unidades de las
proteínas. Un rasgo curioso es que son redundantes, lo que
significa que un aminoácido dado puede ser definido por
cualquiera de varios tripletes diferentes. Los biólogos
habían especulado desde hace tiempo que la redundancia
podría haber sido diseñada para coexistir con algún otro
tipo de código, y este, comenta el Dr. Segal, podría ser el
código del nucleosoma.
Fuente
LO ÚLTIMO
en tu Correo.
Suscríbete Gratis a NUESTRO BOLETÍN !!
Te Agradeceríamos nos informes si encuentras un
ENLACE
ROTO
|