La fama. Dolina: –¿Cómo juega tu fama al estar con un tipo?
Luciana: –Mal. A la hora de querer formalizar una relación, te juega en contra.
– Yo creo que al principio juega en contra. Porque uno nunca sabe si se han acercado por legítimo interés o por mera curiosidad mediática.
–Sí, es verdad. Ese prejuicio existe cuando se te acercan.
–Hay un primer instante en que parece, que a uno le estuvieran haciendo un reportaje. Es horroroso.
–Yo por suerte capto enseguida al hombre que es cholulo y se acerca por la fama. A mí el tema de la fama me juega muy en contra para las relaciones formales.
–¿Te gustan las relaciones formales?
–Sí. Estuve mucho tiempo de novia, pero desde que entré al ambiente me costó formalizar una relación. Los hombres se ponen muy celosos de la imagen que una vende.
–A mí me parece que debería pensarse de otra manera. Yo conozco gente que se entusiasma con el deseo de los demás sobre su pareja. Son hombres a los que les gusta que a su mujer la miren y la deseen.
–Sí, pero en mi caso, como me inventan romances todo el tiempo, es difícil que un hombre se lo banque.
–¿Pero por qué son tan formales los hombres en ese aspecto?
–No sé… Les dan miedo las mujeres así, muy expuestas y con un perfil muy alto como yo. Y que además no son tontas.
Las parejas.
–Antes que todo, aclaro que yo soy feminista.
–Yo también soy feminista, pero tengo mi lado machista para
algunas cosas.
–A lo que voy es que siento que los hombres,
especialmente en la Argentina, tienen una forma de
relacionarse con las mujeres que es abominable. La toman
como una posesión. Tanto es así que cuando los dejan, el
dolor que tienen los hombres es el de alguien que ha perdido
una propiedad, que fue usurpado. No le duele tanto la
ausencia de la persona amada como la posibilidad de que esa
persona pase a otras manos.
–Mis amigos me cargan. Me dicen que tengo mentalidad de
hombre, porque yo soy la que no llama, la que no pregunta
“¿adónde vas?” o “¿con quién estuviste?” Y eso al
hombre le carcome la cabeza.
–Es una gran virtud la indiferencia. Pero creo que nadie
opina como yo. Y las personas indiferentes no son muy
frecuentes en estos tiempos. Hoy es muy común estar encima
del otro indagando, averiguando, sospechando… He llegado a
pensar que algunos lo hacen por aburrimiento.
–A mí me divierte eso, eh. Que no sea todo tan fácil. Que la
relación sea novelística, rebuscada, le pone pimienta.
–¿Los celos juegan a favor de la pasión? Yo creo que es
muy sabio convertirlos en algo positivo. Que los celos
provoquen un mayor deseo.
–Ese es el tipo de celo que a mí me gusta.
–Es más, yo necesito ese celo. El otro no, es un control
policial.
La infidelidad.
–Yo soy muy abierta en ese sentido, porque de los cuernos y
de la muerte no se salva nadie. Por eso prefiero tener un
código con mi pareja, y que si algún día uno de los dos
quiere algo más, que sea por un acuerdo, y no tener que
enterarme por atrás. Que sea con respeto, sin que nadie se
entere.
–Lo innegable de la infidelidad es que sucede. Y me
parece inteligente asumirlo. Pero en estos tiempos hay un
evidente conflicto entre lo que sucede respecto de la
fidelidad, y lo que la sociedad piensa. Es como el
matrimonio, tendemos a seguir tradiciones que no se cumplen.
Hablamos del amor y del matrimonio como si fueran cosas para
siempre, y la verdad es que nunca son para siempre.
–Yo no creo en el casamiento . Creo en amar a una persona y
formar una familia con él.
–¡Pero claro que sí! Yo tengo dos hijos, que son lo más
grande que me ha pasado en mi vida, y no forman parte de un
matrimonio. No creo que haya que certificar ante un abogado
aquello que nos pasa en el corazón. Ahora, quiero llamar la
atención sobre otra cosa que a mí me parece más peligrosa
que la infidelidad. ¿Qué pasa cuando se
muere el deseo?
–No, ahí ya está. Porque puede quedar un cariño, pero si en
una pareja no hay deseo…
–Hacer durar el deseo es propio de la inteligencia y de
la belleza, es un arte. Un juego de inteligencia y belleza
juntos, si es que no son la misma cosa, para que el deseo no
se extinga.
El desamor.
–Me encanta sufrir por amor. Es lo que me da el condimento
para que el amor sea fuerte, le dé vitalidad, porque si no
sufrís…
–El sufrimiento es el precio del goce. El tipo que tiene
la piel tan gruesa como para no sufrir, la tiene también
para no gozar. Si gozás mucho, también sufrís mucho.
–¡Claro! Son opuestos que van juntos. Como el odio y el
amor.
–Y vos seguramente habrás padecido a esos tipos que
siguen insistiendo, que llaman a las 3 de la mañana, que se
cuelgan del árbol de enfrente de tu casa…
–Sí… Igual me divierte que me hagan eso. Pero en mi caso,
cuando se terminó, se terminó, y ahí pienso para adelante.
–Hay que hacer eso, sí.
–En mi caso, todo lo manejo con la cabeza. Mi cabeza domina
mi corazón. Aunque tal vez no esté bien.
–Yo he sufrido muchas veces. Pero me comí el sufrimiento
para mí. Me quedé llorando en mi casa. Hay que pensar en el
próximo amor, el regreso de un amor que se fue, es el que
viene.
La seducción.
–No hay cartas para seducir a una mujer. El que tiene
cartas, el que tiene recetas, no sabe nada. Vos, Luciana, no
sos un acertijo ni un crucigrama. Nadie lo es. El tipo que
tiene una receta, y que la aplica con vos hoy y mañana con
fulana, es un imbécil. La seducción sucede cuando sucede.
–Sí, totalmente. Vas o no vas conmigo. O me gustás así como
sos, o no me gustás, porque te desnudo al toque. Soy una
mujer que tiene la suerte de conocer muy fácilmente a las
personas. Y sí, creo en el amor a primera vista, partiendo
de que siempre es físico.
–Claro. Después, a los 10 minutos, aparece otra aduana
que también hay que pasar.
Pero al principio, vos mirás un cuerpo bello, una cara.
–Después, hay amores que me han pasado, que son los que más
rescato porque son los que más me engancharon, que no fueron
a primera vista. Por ahí la persona no me cerraba del todo
físicamente, pero me cerró mucho su personalidad. Los
famosos touch and go son con hombres que te gustan mucho
físicamente, pero la personalidad no te gusta.
–Fijate qué curioso. Estamos diciendo que los consejos
que se pueden dar en el amor son que no hagas nada: si te
dejaron no tenés que hacer nada, y si quieren seducirte
tampoco tenés que hacer nada, sucede o no sucede.
El sexo.
–El sexo es el ochenta por ciento de la pareja.
–Y tal vez un poco más, Luciana. Si no, ¿para qué se pone
uno en pareja? Para eso están los amigos.
–El otro día escuché en el noticiero que unos psicólogos
encontraron más de 270 razones por las cuales el hombre
tiene sexo. Y muchas tenían que ver con todo esto que
estamos hablando.
–La primera razón es porque somos
mortales. La muerte es el precio que pagamos por amar. Una
raza de inmortales no tendría que reproducirse y no
existiría el sexo. Y la recompensa de ser mortales es que
conocemos el amor.